La hoguera desencadenada

Las tenues luces poéticas de Neón


A finales de los años ochenta e inicios de los noventa la Universidad de San Marcos atravesó la que probablemente sea su mayor crisis histórica: la presencia de SL llevó al establecimiento de un cuartel militar dentro del campus universitario, al cambio de las autoridades académicas y al consecuente éxodo de lo más importantes profesores. A ello se sumaban la crisis económica y los apagones (producto de los atentados terroristas) que redujeron las actividades universitarias al mínimo. En ese contexto nació el Movimiento Cultural Neón, un grupo de poetas jóvenes que quiso seguir la huella de agrupaciones como Hora Zero y Kloaka. A 25 años de la fundación de Neón, dos ex integrantes del grupo, Harold Alva y Héctor Ñaupari, han publicado el libro La hoguera desencadenada. Movimiento Cultural Neón. Antología poética 1990-2015 (Summa, 2015).

Más que un conjunto de escritores con temas y propuestas literarias afines, Neón pareció desde un principio un grupo de jóvenes ansiosos de experimentar la vida bohemia y de convertirse en “poetas malditos”. Algo especialmente evidente en los líderes del grupo: Leo Zelada (Lima, 1970) y Carlos Oliva (Lima, 1960-1994). Posteriormente se sumarían algunos autores más interesantes, como Paolo de Lima (Lima, 1971), Héctor Ñaupari (Lima, 1972), Harold Alva (Piura, 1978); y especialmente Miguel Ildefonso (Lima, 1970), el más destacado de todos, autor de una docena de poemarios y ganador de premios como el Copé 2001 y el Premio Nacional PUCP 2009. En esta antología podemos comprobar lo heterogéneo y desigual de los poemas de estos autores: el malditismo superficial de Zelada, las descripciones urbanas de Oliva, el retorizado erotismo de Ñaupari, y la fusión de lo vital y lo libresco de los textos de Ildefonso.

Como en la mayoría de las antologías publicadas recientemente, en La hoguera desencadenada lo más débil son los ensayos que acompañan a los textos antologados. En el ensayo “Nueva poesía peruana: Neón o la generación del nuevo siglo”, no se mencionan a los integrantes del grupo ni se comenta sus poemas. En cambio sí encontramos algunos errores notorios, como incluir a Carlos Germán Belli entre los autores de la generación del treinta (al lado de Westphalen y Moro) y hacerlo antecesor de poetas que nacieron antes que él (Eielson y Sologuren). Por su parte, en “Neón. Los 25 años de la última generación”, el escritor Óscar Málaga afirma que Neón cuenta con “tres mártires, con tres poetas jóvenes sacrificados como ofrendas a su tiempo”. Como se informa en el libro, dos de estos poetas murieron atropellados en las calles limeñas. ¿Eso los convierte en mártires?

Pero lo más desconcertante es la larga entrevista que Elga Reátegui le hace a Zelada. Por ejemplo, Leo cuenta que su verdadero nombre es Rubén Tupaj Amaru Grajeda, por lo que “desde niño, pese a que era bajito y delgado, tuve que defender la herencia de mi nombre… Mi padre me hizo ver la realidad de la cultura andina y enorgullecerme de mi pasado. Llamarme Tupaj Amaru no significó un motivo de vergüenza, sino de orgullo”. Sin embargo, cuando comenzó a participar en recitales, el poeta cambió ese nombre andino por el cosmopolita y zodiacal “Leo”. Y cuando le preguntan por qué en Latinoamérica lo llaman “el último poeta maldito”, responde: “No sólo en Latinoamérica. Para mi sorpresa esa afirmación se está volviendo un tópico en algunas entrevistas que me hacen en España y Estados Unidos”.

No obstante ese supuesto interés internacional, no es Zelada sino Ildefonso el único integrante de Neón incluido en libros como Espléndida iracundia. Antología de Poesía consultada de la poesía peruana 1968-2008. A pesar de nuestros reparos (a los que hay que sumar la ausencia de Roberto Salazar, uno de los poetas más identificados con Neón), La hoguera desencadenada resulta una antología interesante, pues reúne a los escritores mencionados y a una serie de autores “inéditos”, brindándonos así una amplia muestra de la producción poética de los jóvenes estudiantes universitarios de inicios de los años noventa. Un testimonio literario de uno de los momentos más difíciles de la historia reciente del Perú.