Nuevos juguetes de la Guerra Fría


Desde hace algunos años se viene hablando del boom de “La nueva crónica latinoamericana”. No solo por la existencia en nuestro continente de una serie de buenas revistas (como la peruana Etiqueta Negra), sino también por la de un grupo de escritores de varias generaciones —como Juan Villoro (México, 1956), Martín Caparrós (Argentina, 1957) y Leila Guerrero (Argentina, 1967)— que están revitalizando este viejo género narrativo. Uno de los más jóvenes de estos autores es el peruano Juan Manuel Robles (Lima, 1978), quien después de cursar una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York ha escrito y publicado una muy buena primera novela: Nuevos juguetes de la Guerra Fría (Seix Barral, 2015).

Robles nos cuenta en esta novela la historia de Iván Morante (que es básicamente la suya propia), un limeño nacido en la Lima de fines de los años setenta y cuyo padre trabaja en una agencia de noticias cubana. Por ese trabajo, toda la familia tiene que ir a vivir por un tiempo a Bolivia, donde Iván y su hermana Rebeca asisten a una escuela de “pioneros”: una pequeña escuela para los hijos de los diplomáticos cubanos, en la que profesores adoctrinaban a los niños con ideas revolucionarias. Toda esa experiencia es rememorada por Iván treinta años después, en Nueva York (el mismo centro del imperialismo yanqui), ciudad a la que ha llegado para iniciar una carrera como escritor.

La historia es sí misma fascinante y tiene múltiples posibilidades temáticas, que Robles aprovecha con bastante acierto. En primer lugar, la compleja y contradictoria formación de Iván, que de niño estuvo inmerso en la cultura de masas de su generación (especialmente series de televisión como “He-Man” y “V. Invasión Extraterrestre”), y también en la cultura “revolucionara” de esa escuela, con héroes como Fidel Castro y el Che Guevara; algo que se grafica explícitamente en la carátula del libro. Por otra parte, el tema de la memoria, la reconstrucción que hace nuestro cerebro a partir de los recuerdos de nuestro pasado; un tema que aquí es abordado a partir del contraste entre los recuerdos de la memoriosa Rebeca y los del olvidadizo Iván. Y por último, una trama de “espionaje”, relacionada con las actividades secretas de esa embajada, y que recién comienza a desarrollarse hacia la mitad del libro.

Se está comenzando a hablar de una tendencia dentro de la narrativa peruana, especialmente entre los escritores de la generación de Robles, hacia la novela casi autobiográfica. El más conocido ejemplo es Austin, Texas 1979 de Francisco Ángeles. No creemos que exista tal tendencia, sino más bien una opción literaria frecuente en escritores que se inician en la ficción un poco tarde. En todo caso Nuevos juguetes de la Guerra Fría destaca nítidamente sobre esas otras novelas, tanto por el buen manejo de las técnicas narrativas de Robles (seguramente fruto de su larga experiencia como cronista), como por el interés en el propio lenguaje (Iván ha inventado un software que crea frases aleatorias, que usa en sus escritos). Sin duda, se trata de una de las mejores novelas peruanas publicadas en lo que va del año.

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Reseñas:  José Carlos YrigoyenEl Comercio, El Búho, Sebastián Uribe,
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