Ventanas y habitaciones (1969-1972)

El joven Sánchez León


Abelardo Sánchez León (Lima, 1947) es uno de los más reconocidos poetas de la generación del setenta, y junto con Enrique Verástegui y José Watanabe formó una especie de “trilogía” de autores que, a pesar de su cercanía a los grupos poéticos de aquellos años, mantuvieron siempre su independencia y calidad creativa. Tras doce años de silencio, retornó a la poesía con Grito bajo el agua (2013), considerado entre los mejores libros del año pasado. A ese título se suma ahora Ventanas y habitaciones (Paracaídas, 2014), que reúne sus dos primeros poemarios en versiones corregidas y aumentadas por el propio autor.

Escritos entre 1969 y 1972, estos textos nos muestran a un joven con poco usual talento poético y una temática definida: “La casa, la calle, el bar y las aulas son los ambientes que encierran al joven exasperado y reflexivo cuya voz le da sustancia existencial a los dos poemarios”, señala el crítico Peter Elmore en el ensayo prologal del libro. Así, nos reencontramos con poemas como “En el Chino-Chino”, “La casa del abuelo” o “Las señoritas Rodoy…” –pertenecientes a Poemas y ventanas cerradas (1969)–, infaltables en cualquier antología de la poesía peruana reciente.

Pero acaso la mayor contribución sea la recuperación de Habitaciones contiguas (1972), un libro que la crítica consideró como fallido. Para esta edición ASL confiesa haberle hecho correcciones “audaces” y eliminado varios poemas. En su actual estado, estos textos muestran el drama de las relaciones del yo poético “con su realidad histórica: urbana, familiar, de clase y generacional” (Elmore). Ventanas y habitaciones debe estar entre lo mejor de la poesía peruana joven del último medio siglo.