La marcha del polen



Nadie mejor que un poeta para reconocer el talento de otro poeta. En la última conversación que tuve con José Watanabe, poco antes de su muerte, me habló entusiastamente del primer libro de un joven poeta. El autor era Manuel Fernández (Lima, 1978) y el libro Octubre (2006), un poemario complejo y cuyo tema es la historia política y literaria peruana de las últimas décadas. Siete años después, Fernández nos entrega su segundo poemario, La marcha del polen (estruendomudo, 2013), que no solo tiene las virtudes de aquel primer libro, sino que incluso llega a superarlo.

Los poemas esta vez están centrados en la infancia del poeta, transcurrida en el populoso distrito de Breña a inicios de los años ochenta. Pero este pasado es presentado de una manera casi épica, anunciada ya en el primer texto “La fundación de Breña”, que no remite al suceso histórico sino a una versión subjetiva y lírica, desde una perspectiva popular. De la misma manera son tratados otros hechos, como una huelga de enfermeras del Hospital del Niño, el cierre de la piscina municipal o el paso del Papa Juan Pablo II por el distrito, durante su primera visita a Lima.

Sobre ellos vuelven constante y reiterativamente los poemas, pero alternando los recuerdos y la descripción de los espacios urbanos con las referencias literarias y las alusiones (irónicas o lúdicas) a textos religiosos y políticos. El mayor logro de la obra de Fernández, especialmente de La marcha del polen, es presentar todo ese material dentro de un discurso que, recurriendo a recursos literarios muy de nuestros tiempos (montaje, repeticiones, parodias) mantiene siempre la intensidad poética.