Las novelas del 2012



El año pasado la narrativa peruana nos entregó algunas novelas significativas, tanto por sus logros literarios como por lo que representaron para sus autores. En primer lugar Un asunto sentimental, quinta novela de Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964), una extensa historia de amor que juega con los límites entre realidad y ficción. A pesar de no ser la mejor obra de Benavides –acaso lo sean La noche de Morgana (2005) o El año que rompí contigo (2003)–, lo consagra como un narrador talentoso, versátil y trabajador; sin duda el más importante narrador de su generación (la del ochenta) y uno de los mejores novelistas peruanos de la actualidad.

Algo similar sucedió con Abelardo Sánchez León (Lima, 1947), reconocido poeta que publicó Resplandor de noviembre, también su quinta novela. En este caso sí se trata de su mejor trabajo narrativo, un ambicioso retrato generacional en el que el lenguaje y la diversidad de los personajes son los mayores logros. También resultaron importantes para sus autores las novelas Dándole pena a la tristeza de Alfredo Bryce (su mejor libro en casi 20 años) y Bioy de Diego Trelles (Lima, 1977) mucho más elogiada en España que en el Perú.

Entre los debutantes en el género destacó claramente Jennifer Thorndike (Lima, 1983) con Ella, una novela breve pero sumamente intensa, centrada en las complejas y contradictorias relaciones entre madre e hija. También hizo su primera incursión en la novela el periodista y poeta Jerónimo Pimentel (Lima, 1978), con La ciudad más triste, un relato que por momentos es más poesía que narrativa. Y no podemos dejar de mencionar a dos buenas novelas: A la luz del amanecer de Edgardo Rivera Martínez y Ese camino existe de Luis Fernando Cueto.