Lo mejor del 2011



NARRATIVA

La hora de los novelistas provincianos

Pasada la euforia del Premio Nobel concedido a Vargas Llosa el año anterior, el 2011 ha sido un año sin grandes sorpresas ni descubrimientos, y en el que más bien se han consolidado ciertos autores y tendencias dentro de la literatura peruana. En narrativa, por ejemplo, destacó claramente un grupo de escritores provincianos (los mal llamados “andinos”, por oposición a los “criollos” limeños), encabezados por Miguel Gutiérrez (Piura, 1940), fundador y líder del grupo Narración (1966-1980). Considerado entre los más importantes escritores peruanos de la actualidad, Gutiérrez nos entregó su novena novela, Una pasión latina, un intenso policial psicológico –ambientado en Washington, Ayacucho y Piura– que trasciende las fronteras del género para convertirse en un crítico retrato de la violencia que se vivió en el país hacia fines del siglo XX.

Siguiendo las propuestas del Grupo Narración, Oscar Colchado (Ancash, 1947) culminó su más ambicioso proyecto literario Hombres de mar, una amplia saga que cubre 30 años de historia de la ciudad de Chimbote. Se trata de una novela “total”, que abarca desde los sucesos más cotidianos hasta mitos y leyendas precolombinas, pero que está centrada en la toma de conciencia política de los protagonistas. Otro muy buen escritor relacionado con Narración es Juan Morillo Ganoza (Piura, 1939) quien este año publicó la novela Hienas en la niebla, sobre la violencia política de las décadas pasadas.

También tuvo afán de totalidad, a pesar de su brevedad, la novela Resto que no cesa de insistir de Julián Pérez (Ayacucho, 1956), el alucinado monólogo de un hombre que rememora su pasado familiar y reflexiona sobre temas como la injusticia, el amor o el sentido de la vida. Y volvió a la novela el escritor arequipeño Carlos Herrera (1961) con Claridad tan obscura, un logrado relato centrado en la épica figura del jesuita peruano Antonio Ruiz de Montoya (1585-1662). Un personaje histórico lleno de contradicciones, de ahí el título del libro, y a quien seguimos desde su infancia, pasada en Lima, hasta su gran hazaña de desplazar más de doce mil indígenas a través de la selva para salvarlos de la esclavitud.



Desde la capital

Entre las novelas escritas por limeños hay que mencionar a El peruano imperfecto de Fernando Ampuero (1949). Es una abierta crítica a ciertas costumbres y prejuicios característicos de la sociedad limeña, elaborada a partir de la vida de un peruano atípico (alto, elegante y exitoso) y sus numerosas aventuras amorosas. Por su parte, el Luis Enrique Tord (1949) publicó el libro Revelaciones. Relatos reunidos 1979-2011 que congregó su original obra cuentística, en la que se une la ficción literaria, la documentación histórica y la reflexión ensayística.

Entre las “nuevas voces” de la narrativa, lo más importante ha sido la confirmación de Luis Hernán Castañeda (1982) quien nos entregó en La noche americana otra de sus ficciones oscuras y extrañas, a medio camino entre el comic y la literatura, que en este caso tuvo además una dimensión metaliteraria, pues sus protagonistas son dos jóvenes aspirantes a escritores que crean la cruel secta literaria de “los gallos resplandecientes”. Y también de Carlos Yushimito (Lima, 1977), ya uno de los mejores cuentistas peruanos, con Lecciones para un niño que llega tarde, publicado en España.


Otros títulos

Hay que mencionar también a los libros La fauna de la noche (novela) de Sandro Bossio, Tristán (novela) de Patricia de Souza, País sin nombre (novela) de José Rosas Ribeyro, El jardín de la doncella (novela) de Carlos Rengifo.


POESÍA

En poesía se volvió dominante una cierta estética posmoderna, caracterizada por la tendencia a lo narrativo, el discurso fragmentario con abundantes rupturas (gramaticales, espaciales o temporales) y en la que el juego intertextual se convierte en un elemento central. En esta tendencia se inscriben los dos poemarios que la crítica ha considerado como los más importantes del año: Codex de los poderes y los encantos de Martín Rodríguez-Gaona (Lima, 1969) y Berlín de Victoria Guerrero Peirano (Lima, 1971).



Dos libros posmodernos

Codex de los poderes y los encantos es un conjunto de poema que giran en torno al tema del desarraigo, a través de las historias de una serie de personajes muy diversos, de diferentes lugares y épocas, desde gente sencilla hasta escritores famosos. El mayor logro de Rodríguez-Gaona (quien ha vivido mucho años en Estados Unidos y España) en este libro ha sido alcanzar el equilibrio entre lo narrativo y lo reflexivo, entre el lenguaje coloquial y las imágenes expresivas, situaciones de la vida cotidiana de hoy con episodios de la vida de escritores peruanos como César Vallejo y el Inca Garcilaso de la Vega.

En Berlín se aborda el difícil tema de la violencia política de las décadas pasadas, pero combinando escenarios urbanos limeños con los de diversas ciudades norteamericanas y europeas. Así el discurso trasciende la historia reciente del Perú y se convierte en una reflexión más amplia y atemporal. Para ello, Guerrero ha desarrollado una poética propia y original partiendo de la labor de las poetas de la generación anterior (la agresiva reflexión sobre el cuerpo) y llevándola más allá del erotismo y la reivindicación de lo femenino.



Dos libros modernos

Dentro de las propuestas poéticas más tradicionales (que muchos todavía preferimos), se han destacado otros dos poemarios. El primero de ellos Avenida Sol / Greenwich Village en el que su autor, el cusqueño Odi Gonzales (1962), continúa en su afán de unir la temática andina con los recursos formales de la poesía urbana, narrativa y coloquial de los años 60 y 70. Son las reflexiones de un poeta que, radicado en Nueva York, busca las raíces de su identidad en los recuerdos de su infancia cusqueña y en el imaginario andino, esa peculiar fusión de mitos prehispánicos y creencias propias del catolicismo.

El otro libro es La casa amarilla / Casa abandonada, poemario en dos tomos de Miguel Ángel Sanz Chung (1979). Se trata de un conjunto de textos en los que el “yo poético” (un escritor) describe reflexivamente los ambientes y muebles de la casa en la que habitó durante años. Así, a partir del recorrido por esta casa abandonada y ruinosa, Sanz Chung (1979) nos habla en realidad de la soledad del escritor y del hombre en general, del inevitable deterioro físico de todo lo humano, apelando a los recursos poéticos más clásicos (adjetivos, metáforas, símiles) y utilizando un lenguaje claro y eufónico.

Otros poemarios

Entre los abundantes poetas jóvenes que han publicado este año, se puede mencionar a Mario Pera (1981) con su libro Ruido Blanco, y a Luis León Velásquez (1983) con Bástate alegría. Y de otras generaciones (además de los cuatro reseñados): Cartas desde la azotea de Domingo de Ramos, Escombros de los días de Alejandro Susti, Quise decir adiós de Enrique Sánchez Hernani, Naturaleza viva de Rosina Valcárcel, Callada fuente de Sonia Luz Carrillo, entre otros.