La paz de los vencidos

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Benavides
Jorge Eduardo Benavides. La paz de los vencidos (Alfaguara, 2009)

Con cuatro buenos libros (tres novelas y un conjunto de cuentos) publicados en apenas cinco años, Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1963) ya debe ser considerado uno de los narradores peruanos más productivos e interesantes de la actualidad. Y lo confirma con su nueva novela La paz de los vencidos, obra ganadora del XII Premio de Novela Corta del BCR, en la que deja la temática política de libros como Los años inútiles (2002) y Un millón de soles (2007), para mostrarnos las experiencias y sentimientos de un peruano exiliado en España.

La novela está constituida por el diario de ese personaje –un aspirante a escritor radicado en la isla de Tenerife–, una serie de textos de una o dos páginas, escritos a lo largo de siete meses (aunque no se menciona el año, podría ser 1997) y en los que reflexiona sobre los pequeños encuentros y desencuentros con sus vecinos, colegas y amigos. Estos últimos son tan solitarios y desarraigados como el propio protagonista: Capote, un talentoso escritor que vive a la sombra de su único libro publicado; el uruguayo Enzo, pianista de jazz que toca en pequeños bares esperando ser descubierto; y un viejo y pobre profesor jubilado, al parecer sin ningún pariente.

A pesar de la naturaleza de los personajes y la rutinario e intrascendente de la mayoría de los sucesos narrados, Benavides le da al relato un tono optimista y desenfadado gracias a los comentarios ingeniosos (algunas veces hasta luminosos) y el peculiar sentido del humor del narrador. Por supuesto, al usar estos recursos se corre el riesgo trivializar la narración. Algo de eso sucede aquí, en algunos juegos de palabras no muy logrados y también cuando el narrador quiere ponerse serio, resultando más bien retórico y afectado: “los años dejan un rescoldo legendario en aquellos recuerdos que defendemos a ultranza del olvido” (p. 28).

Pero ese y otros detalles (como el sórdido e innecesario final, o el hacer de todo solitario un artista o intelectual incomprendido) no desmerecen a un libro con páginas valiosas y de especial intensidad: todo lo relacionado con la anciana ludópata, la compleja relación de pareja de Enzo y Elena (entre el amor y el odio, entre los gestos más tiernos y las peores bajezas) o la descripción de la austera y rutinaria vida nocturna en Tenerife. En suma, aunque no llega a estar a la altura de sus anteriores novelas, La paz de los vencidos es un relato ameno y que muestra nuevas facetas en la narrativa de J. E. Benavides.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados
Sobre La paz de los vencidos: Richard Primo,
Entrevistas: Correo, Pedro Escribano, Gonzalo Galarza, Max Palacios, Peru21, Rafael Robles.

Poesía de William Ospina

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William Ospina. Poesía (Norma, 2008)

El colombiano William Ospina (Tolima, 1954) acaba de ganar el prestigioso Premio de Novela Rómulo Gallegos con El país de la canela, segunda parte de su ambiciosa saga sobre la conquista de América. Escritor culto y perfeccionista (el propio García Márquez le consulta sobre problemas de estilo y corrección) Ospina comenzó a escribir narrativa recién a los 50 años de edad; pero entonces ya tenía una amplia y reconocida obra como ensayista y poeta. En paralelo con la publicación de su novela premiada (que ya hemos comentado en esta columna) Ospina reunió su amplia obra poética en el libro Poesía (Norma, 2008).

Acaso el referente más cercano a esta poemas sean aquellos textos de Borges sobre temas históricos o literarios. Como en ellos, Ospina apela a las formas clásicas de la poesía hispana (metros, rimas, estrofas) y a un lenguaje sobrio y tradicional para reflexionar sobre una gran diversidad de temas, sucesos, personajes y obras literarias. En Hilo de arena (1984) el primer poemario incluido en este libro encontramos hasta sonetos perfectos, como “El efebo de Marathon”, que se inserta en la larga tradición de sonetos sobre la fugacidad de todo lo humano, pues las alusiones y la intertextualidad son otras de las constantes.

Todas esas características se acentúan en La luna del dragón (1991), segundo poemario de Ospina. En cambio, País del viento (1992) es un proyecto completamente diferente: un conjunto de textos que, a propósito del quinto centenario del viaje de Colón, pasaba revista a diferentes personajes (y sus respectivas culturas) de la América prehispánica, así como a los descubridores y conquistadores del continente. Los títulos de los poemas son elocuentes: “El jefe sioux”, “El condenado en la pirámide”, “Lope de Aguirre”. Aquí está, sin duda, el origen de la saga novelesca que el autor inició con Ursúa (2005).

¿Con quién habla Virginia Wolf caminando hacia el agua? (1995) es el más extenso y personal de los poemarios de Ospina. Los referentes culturales se actualizan, y con ellos también los temas, mientras que la métrica tradicional se combina con versos libres y de largo aliento. Además, el poeta da una mayor libertad a sus recursos y divagaciones, por lo que el medio centenar de poemas necesitó de una sección de notas explicativas, a la manera de las de Borges. El libro Poesía se completa con el poema “África” (1999) y un conjunto de textos inéditos, pertenecientes a un futuro poemario cuyo título tentativo es La prisa de los árboles.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados
Se pueden leer poemas buena parte del libro en Google Libros.
Otros textos sobre Poesía: Jorge Boone, Álvaro Salvador, Nelson Sánchez, Addison de Witt.

Ospina, Updike, Calasso

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El libro más comentado esta semana ha sido El país de la canela, del escritor colombiano William Ospina, obra que acaba de obtener el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Participé en la presentación de la novela que hizo el propio Ospina aquí en Lima y también escribí una reseña de la novela en noviembre. Entre los nuevos comentarios están los de El País y El Cultural.

Se han comentado también los recientemente publicados libros póstumos de John Updike, Julio Cortázar, Agatha Christie, Friederich Nietzsche. Y también una novela de Henry James publicada por primera vez en español.

Entre los nuevos libros hay obras de António Lobo Antunes, César Aira, Roberto Calasso y Mario Bunge. Y entre los seguros bestsellers, novelas de Stephen King y Guillermo del Toro.

Por último, encontramos artículos interesantes de Juan Luis Panero, Antonio Muñoz Molina, Xavier Velasco, Óscar Hahn y Alberto Manguel.

(fotografía tomada de tribunalatina)

Aquí no falta nadie

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Bedregal
Walter Bedregal. Aquí no falta nadie. Antología de poesía puneña (LagOculto, 2008)

En plena era de la globalización y de las comunicaciones instantáneas, resulta increíble lo poco que los limeños sabemos del resto de nuestros compatriotas. Y no sólo en lo político y económico, como han mostrado los sucesos de las últimas semanas, sino en todos los ámbitos. En literatura, por ejemplo, es muy difícil que un libro publicado en provincias llegue a difundirse en Lima o que sea comentado en los medios capitalinos. No lo logró Aquí no falta nadie. Antología de poesía puneña (LagOculto Editores, 2008), libro muy bien editado y elegido, en una encuesta virtual, como la “Mejor antología poética del 2008”.

El periodista y escritor Walter Bedregal (Tacna, 1965) es el responsable de la selección de autores, textos y prólogo de esta antología que se inicia con Alejandro Peralta (1899-1973), uno de los más reconocidos escritores vanguardistas y cuya obra poética ha sido reeditada hace poco. Alejandro y su hermano Arturo (quien usaba el seudónimo de Gamaliel Churata) fueron el núcleo del grupo Orkopata y la importante revista Boletín Titikaka, sin duda el mejor momento de la literatura de la región. Sin embargo, Churata no figura en esta antología. Una omisión imperdonable, especialmente por el categórico título del libro.

De las dos siguientes generaciones de escritores (las llamadas del 30 y del 50) se incluye sólo a dos poetas: Carlos Oquendo de Amat (1905-1936) y Efraín Miranda (1927). Los otros 18 escritores antologados pertenecen a promociones más recientes, con una mucho mayor presencia de los más jóvenes. Acaso el propósito del libro haya sido precisamente ése: dar a conocer a un interesante grupo de doce poetas puneños, o que radican en esa región, nacidos entre mediados de los 60’s y 1974. Una generación sumamente productiva (han publicado numerosos libros y revistas), a la que pertenece el propio Bedregal.

A la ausencia de Churata se suman otros problemas, especialmente la desigual calidad de los textos y el extenso (26 páginas) y caótico prólogo. Bedregal se esfuerza en citar teorías y pensadores de moda (Genette, Deleuze, Guattari) pero su texto, entre el ensayo y la prosa poética, tiene errores –p. e. hace de Poe un escritor surrealista (tal vez se trata de una “licencia” poética)– y traspiés como “el arte posmoderno… utiliza un modo de hacer particular conforme al denominado estilo posmoderno” (p.20), entre muchos otros. En fin, el viejo “provincianismo”, que es algo así como la contraparte del tan cuestionado “centralismo” limeño.


Enlaces relacionados
Tanto Walter Bedregal como Aquí no falta nadie tienen sus propios blogs. En el segundo de estos blogs se pueden leer muchos comentarios sobre el libro.

Demasiados héroes

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Restrepo
Laura Restrepo. Demasiados héroes (Alfaguara, 2009)

La escritora colombiana Laura Restrepo (Bogotá, 1950) se inició en la literatura algo tardíamente –con la novela histórica La isla de la pasión (1989)–, pero su obra ha alcanzado un rápido reconocimiento internacional, especialmente con las novelas Dulce compañía (1995), La novia oscura (1999) y Delirio, Premio Alfaguara de Novela 2004. Tras cinco años de silencio, y de recibir en su país el Premio Nacional de Literatura 2007, Restrepo vuelve a la novela con Demasiados héroes (Alfaguara, 2009), una nueva versión de un tema clásico de la narrativa latinoamericana: el joven que busca al padre que lo abandonó.

El joven es Mateo Iribarren, un adolescente colombiano que viaja a Argentina acompañado de su madre (Lorenza), para conocer a Ramón, su padre. Casi todo el relato está constituido por los diálogos entre Lorenza y Mateo, en los que ella va contando la historia de su relación con Ramón. La pareja se conoció en Argentina, cuando ambos eran activistas políticos clandestinos y radicales opositores de la dictadura militar de los años 70. Paralelamente, Lorenza también cuenta “el episodio oscuro”, el triste suceso que ocasionó la ruptura de la pareja y el alejamiento definitivo de Ramón.

La autora usa los diálogos madre-hijo para establecer un contraste entre su propia generación, con tanta conciencia social y compromiso político (Restrepo formó parte de la comisión que negoció la paz con el movimiento guerrillero M-19) y la de los jóvenes de hoy: la de la cultura light, posmodernidad, Internet, liberalismo, video juegos, etc. Pero esta oposición no resulta muy consistente, principalmente porque las intervenciones de Mateo, más que las de un adolescente (dice ser “una cabeza” más alto que su padre), parecen las de un niño de ocho años. Lo infantil de esos diálogos (buena parte de la novela) termina afectando toda la narración: acciones, descripciones, reflexiones, desarrollo de los temas.

A pesar de eso, hay en la novela páginas interesantes y valiosas (como aquellas en que se describen los crímenes de la dictadura argentina) y una tensión narrativa siempre in crescendo. Restrepo demuestra una vez más su oficio literario y dominio de las técnicas narrativas: su prosa fluye clara y precisa, y los episodios de los tres relatos paralelos están dosificados con verdadero acierto. Con esos elementos Demasiados héroes resulta una lectura agradable y muy entretenida; un libro que seguramente se convertirá en un best seller en todo el mundo de habla hispana.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados
Sobre Demasiados héroes: Luis Fernado Afanador, Juan David Correa, Patricia Lara,
Entrevistas: caracoltv.com, Europa Press, Raúl Kollmann, lapatria.com, Daniel Ramírez, Susana Reinoso, Sergio Villamizar.

La editorial Alfaguara ha puesto a disposición de los lectores las primeras páginas de la novela.




El precio de ser Magaly Medina

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Medina
Magaly Medina. El precio de ser Magaly Medina (Planeta, 2009)

Con el tiraje completo de su primera edición (14,000 ejemplares) agotado en menos de una semana, El precio de ser Magaly Medina. Mi verdad en la cárcel (Planeta, 2009) ya es uno de los mayores bestsellers peruanos del presente año. El libro es una crónica del episodio más difícil de la vida de la popular periodista de espectáculos: los más de dos meses que pasó en prisión, después de ser condenada en un juicio por difamación. El éxito de ventas se debe al interés con que los fans de Medina y de su programa de televisión (“cientos de miles” se afirma en el libro) siguieron ese proceso.

Esos ávidos lectores deseaban conocer los pormenores de la vida de Medina en la prisión, la forma en que fue recibida y tratada ahí, las situaciones que tuvo que enfrentar, o las historias personales de sus compañeras de prisión. Algo hay de eso en el libro, pero muy poco. Medina, según cuenta, desde el principio fue confinada a ambientes especiales, dentro de la prisión, y por ello no convivió mucho las otras internas, ni vio toda la sordidez, violencia y miseria que imperan en las prisiones peruanas (que llevaron a César Vallejo a afirmar: “El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú”).

Por otra parte, Medina tampoco se anima a mostrarnos sus emociones o sentimientos. Puesta a elegir entre su lado más humano y su imagen pública de mujer triunfadora e implacable, opta por la segunda. Lo hace concientemente y con mucha vehemencia, casi como si se tratara de una verdadera guerra personal. “No pude más, ahí perdí. Me salió la humana…” dice cuando recuerda sus lágrimas al enterarse de que efectivamente iría a la cárcel. Y los temas sobre los que suele preocuparse durante su estadía en prisión son su peso, lo encrespado de su cabello, el rating de los programas de televisión y lo que los diarios publicaban diariamente sobre ella.

Pero esos son reparos menores, pues el mayor problema del libro es que está pésimamente escrito. Más aún, resulta evidente que el libro no ha sido “redactado” sino que es el resultado de la trascripción de algún testimonio verbal de Magaly Medina. Si comparamos las cartas que ella escribió en la prisión (que difundió a través de su revista Magaly Tevé y que han sido incluidas en este libro), con el resto del texto, se nota claramente la diferencia. Aunque ella misma confiesa que no le gusta escribir, pues le cuesta mucho trabajo:

«Me gustaba más salir a conversar con las chicas y bromear un rato que escribir. Yo siempre soy así, me pasaba desde que era redactora. Siempre terminaba de escribir al último momento y bajo presión… A veces yo escribía y decía: “Cállense, cállense, que tengo que corregir”».

La solución de los editores a esa falta de interés por la escritura, no resulta muy acertada. Al parecer, le han hecho una o varias entrevistasa Medina, en las que ella habría contado sus experiencias. Y en lugar de contratar a un escritor para que “redacte” un libro basándose en ese material, da la impresión de que simplemente han transcrito literalmente las entrevistas. A esa conclusión nos llevan párrafos como los siguientes:

«Desde las primera frase que comenzó a leer la secretaria del juzgado, no sé porque pero me las olí muy mal. Lo típico que dicen. Yo veía que todo era a favor de él. Estaba aún con la confianza de saber que el doctor Nakazaki me había asegurado que nada malo iba a ocurrir. Cuando estoy frente a la persona que me demanda no me tiemblan las piernas, ni me da por querer orinar. No me orino de miedo. Porque así soy, muy peleona». (p.8)

«Yo siempre he llevado una alimentación muy balanceada. Y como no me gusta comer grasa, porque la rechazo, no comía o le sacaba todo el pellejo al pollo y trataba de comer solo lo de adentro. Y entonces al final era casi nada. Por eso he dejado de comer comida chatarra, porque me provocaba asco ver cosas muy grasosas. Entonces, como la comida era fea y me traían mucha fruta de afuera, trataba de comer fruta y yogurt. Pero yo me veía gorda, yo me veía rolluda, yo me veía mal. Y todo el mundo me veía flaquísima». (p. 124)

Como ha dicho la propia Medina, este libro no tiene aspiraciones literarias. Es, más bien, “una sincera muestra de agradecimiento” a sus seguidores que la apoyaron en esos difíciles momentos, y un “acto de catarsis con el que Magaly Medina cierra este duro capítulo de su vida (cito la propia presentación del libro). De todas maneras, queda la sensación de que El precio de ser Magaly Medina, ha sido hecho de una manera demasiado informal y sin tener en cuenta la calidad del propio texto.


La editorial Planeta ha puesto a disposición de todos los lectores el primer capítulo del libro. Copiamos aquí ese capítulo.




El último cuerpo de Úrsula

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De Souza
Patricia de Souza. El último cuerpo de Úrsula (sic, 2009)

Patricia de Souza (Ayacucho, 1963) ha publicado siete novelas –desde Cuando llegue la noche (1994) hasta Ellos dos (2007)–, la mayoría de ellas en importantes editoriales españolas y algunas incluso traducidas al alemán. Sin lugar a dudas, se trata de la más destacada narradora peruana de la actualidad, aunque su obra (poco difundida en nuestro medio) todavía no ha alcanzado el reconocimiento que merece. Por eso resulta sumamente oportuna la reciente edición de El último cuerpo de Úrsula (sic, 2009), una de sus novelas emblemáticas y que Seix Barral publicó en España hace diez años.

Un accidente deja a Úrsula, una periodista de 30 años de edad, paralítica y víctima de intensos dolores. A partir de esa experiencia y de una misteriosa soledad (sólo al final se descubre el motivo) ella comienza a rememorar diversos episodios de su vida (desde la infancia hasta el presente), para escribir una especie de diario, reflexionando sobre esos episodios con dureza y crueldad. Se trata especialmente de momentos decisivos en la evolución de la relación de la protagonista con los hombres (padre, primos, esposo y amantes), y en los que el erotismo y la sensualidad de Úrsula tienen siempre un papel determinante.

Como señalamos con respecto a la novela Electra en la ciudad (2006), lo más característico de esta narrativa es el empleo de una cierta “retórica especulativa”, rica en imágenes e ideas, a través de la cual los protagonistas (casi siempre artistas o intelectuales que narran en primera persona) dan a conocer sus peculiares reflexiones. Úrsula es uno de sus personajes más logrados en este aspecto, pues sus originales interpretaciones del amor, el dolor, el placer, el deseo o la vejez, resultan siempre acordes con su temperamento, cultura e inteligencia. Aunque eso no salva a la autora de caer en algunos excesos.

El mayor reparo que se le puede hacer a las novelas de de Souza es lo fragmentario y a veces inconexo de los episodios y la trama en general, lo que les hace perder, en buena medida, la tensión narrativa. Algo de eso sucede también en El último cuerpo de Úrsula, aunque aquí la fragmentación –la ausencia de “sentido y armonía”– es precisamente uno de los temas centrales, materializado en los caleidoscopios a los que la protagonista es tan aficionada: “… mi corta vida, esta vida sin historia, sin continuidad, sólo hecha de fragmentos que a veces logran encajar, tal y como se forman las figuras de un caleidoscopio” reconoce Úrsula en las páginas finales de la novela.
(Artículo publicado en La República)


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Patricia de Souza administra el blog Palincestos.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Enrique Sánchez H., Carlos Sotomayor.
 
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