Los más vendedores

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Listas recientes de los libros más vendidos en nuestro país. Las fuentes son las librerías El Virrey, Crisol y Perubookstore.


El Virrey

1 Veinte peruanos del siglo XX. Varios Autores (PUCP)
2 Confesiones de Tamara Fiol. Miguel Gutiérrez (Alfaguara)
3 El mundo según Monsanto. Marie-Monique Robin. (Península)
4 Gomorra. Roberto Saviano. (Debate)
5 Un lugar llamado Oreja de Perro. Iván Thays (Anagrama)



Crisol

Ficción:
1 Crepúsculo. Stephenie Meyer (Alfaguara)
2 Luna nueva. Stephenie Meyer (Alfaguara)
3 Eclipse. Stephenie Meyer (Alfaguara)
4 Amanecer. Stephenie Meyer (Alfaguara)
5 El viaje del elefante. José Saramago (Alfaguara)

No ficción
1 Horóscopo chino 2009. Ludovica Squirru (Atlántida)
2 Cocina peruana. Walter Wust (edición del autor)
3 La crisis económica mundial. Varios autores (Oveja negra)
4 Tras la guerra fría. Farid Kahhat (Fondo Editorial del Congreso)
5 Cambio de palabras. César Hildebrandt (Tierra Nueva)



Perubookstore

1 El canalla sentimental. Jaime Bayly (Planeta)
2 Amanecer. Stephenie Meyer (Alfaguara)
3 Obras completas. Washington Delgado (Universidad de Lima)
4 Tomando té. Sheila Alvarado (Altea)
5 ¡Habla, jugador! Gajes y oficios de la jerga peruana (Taurus)
6 Fairy Oak. El secreto de las gemelas. Elisabetta Gnone (Marenostrum)
7 Putas es poco. Hernán Migoya (Planeta)
8 Un mundo para Julius. Alfredo Bryce (Peisa-Booket)
9 La madera del alma. Gianmarco Zignago (Planeta)
10 A fin de cuentas. Roberto Reátegui (Planeta)

El único nombre que se repite es el de la escritora estadounidense Stephenie Meyer (Connecticut, 1973) autora de una exitosa saga novelesca de la que podríamos decir: “it’s only teenage wasteland”.

El buscador de oro

Le Clezio
Jean-Marie Le Clézio. El buscador de oro (Norma, 2008)

El francés Jean-Marie Le Clézio (Niza, 1940) es, sin lugar a dudas, un gran narrador y ensayista. Otorgarle el Nobel de Literatura ha sido uno de los mayores aciertos de la Academia Sueca en los últimos tiempos. Autor precoz (a los 30 años ya tenía siete libros publicados), entre sus obras de madurez destaca la novela El buscador de oro (1985), un peculiar relato de aventuras que, en la traducción de Manuel Serrat, la editorial Norma acaba de reeditar para el mundo de habla hispana.

Lo que aquí se narra es la vida de Alexis L’Etang, personaje nacido hacia 1885 en una familia francesa radicada en la isla de Mauricio, al sur del continente africano. La idílica estancia de Alexis, pasada a orillas del mar, en contacto con la naturaleza y disfrutando de una entrañable relación con sus padres y su hermana Laure, es descrita brillantemente en el extenso primer capítulo del libro. Cuando un desastre natural y la pobreza alejan a la familia de esas playas, Alexis, acaso para recobrar el paraíso perdido, se convierte en buscador de tesoros ocultos, recordando las viejas historias de piratas que su padre les leyera a él y su hermana.

Es el inicio del solitario peregrinaje de Alexis por la costa africana: viajes por el mar en precarias embarcaciones y extensos periodos viviendo en campamentos lejos de las ciudades y de la civilización en general. Pero, eso sí, manteniendo siempre una vital relación con la naturaleza (especialmente el mar) y con las personas más humildes, desde marineros y campesinos hasta nómades como Ouma, la mujer de la que se enamora. En lo opuesto, las aproximaciones del protagonista al mundo occidental y moderno lo llevan siempre a enfrentar las peores injusticias (como la de los europeos contra los africanos) y las situaciones más difíciles, como su participación, vistiendo el uniforme francés, en la Primera Guerra Mundial.

De esta manera, Le Clézio une la tradición narrativa de las novelas de viajes y aventuras de los siglos XVIII y XIX (Stevenson, Salgari, Verne) con algunos temas muy propios de las reflexiones de nuestro tiempo: la mirada crítica al colonialismo occidental y a la propia modernidad, la reivindicación de las culturas tradicionales y marginales, el interés por la naturaleza y el medio ambiente. Y lo hace sin caer en idealizaciones ni simplificaciones, a través de una narración que conjuga el interés del relato de aventuras, la belleza de las descripciones y la hondura de los personajes. El buscador de oro es un libro memorable.
(artículo publicado previamente en La República).

Se pueden leer las primeras páginas de la novela en La Jornada.

J. E. Benavides responde

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(Hemos recibido una cordial invitación de La República para incorporar este blog al naciente grupo de blogs de ese diario. Aceptando la invitación se ha abierto el blog Libros en La República, y lo hemos iniciado con las declaraciones del escritor Jorge Eduardo Benavides, reciente ganador del Premio BCR de Novela. Copiamos el texto aquí, pero para comentar se debe ir al post correspondiente del nuevo Libros)

Como se sabe, en la última edición del premio BCR de Novela, el más importante dentro de este género literario en nuestro medio, resultó ganadora la novela Por la paz de los vencidos, del escritor arequipeño Jorge Eduardo Benavides. El jurado que otorgó ese premio estuvo presidido por Luis Jaime Cisneros y conformado por los escritores Alonso Cueto, Mirko Lauer, Abelardo Oquendo y Marcel Velázquez.

Radicado en España desde hace años, Benavides es autor de una serie de reconocidas novelas (Los años inútiles, El año que rompí contigo y Un millón de soles), que han circulado por todo el mundo de habla hispana. Además, fue uno de los organizadores del recordado encuentro de narradores peruanos realizado en Madrid en 2005, en el que participaron M. Velázquez y A. Cueto. Esos dos datos (el prestigio literario de Benavides y su relación con dos de los jurados que lo premiaron) han motivado que algunos (para quienes la finalidad de este tipo de concursos es la promoción de escritores jóvenes) cuestionen la participación de Benavides en este concurso.

He reseñado y comentado casi todos los libros de Benavides, así que conozco la calidad de su obra narrativa, sin lugar a dudas merecedora de ese premio y de muchos otros. Por eso le pedí su opinión acerca de esos dos cuestionamientos. Su respuesta fue la siguiente:

«En cuanto a tus preguntas, siento un gran desconcierto, por varias razones. La primera es que, como sabrás, vivo fuera del Perú desde hace casi 20 años y aunque trato de mantener mis vínculos y mi conocimiento sobre la actualidad del país, todo ello termina desbordándome; de manera que el premio BCR era para mí bastante desconocido. Vi las bases en una página web española (escritores.org) y envié la novela. Ahora bien, he leído con lupa las bases y no dice nada respecto al descubrimiento de “jóvenes valores” o “nuevos valores”. O algo así, en fin, algún aspecto que me hiciera declinar de participar. He vuelto a leer las bases y no encuentro nada, al menos en la versión española… De manera que mi falta de tacto para presentarme a este premio estriba en el desconocimiento de la sensibilidad del mundillo literario limeño y de las categorías abstractas que compartimentan el habitat de premios y concursos. Lo siento de veras.

Segundo: Alonso Cueto es mi amigo, claro que sí. Pero no se me ocurre cómo demonios pueda yo saber quiénes son los miembros del jurado. Por cierto, también conozco personalmente a Marcel Velázquez, un lúcido profesor y crítico de inobjetable prestigio, quien fue invitado por la organización del congreso de narradores peruanos del 2005, organización de la que fui parte integrante… y a Cisneros me lo presentó personalmente Fernando Iwasaki en una feria de Lima, donde este gran profesor a su vez presentaba a mi amigo Iwasaki con motivo de una reciente publicación. De manera que, imagínate… en un medio tan pequeño parece lógico que siempre conozcas a alguien del jurado, pero –a menos que se dude de la calidad moral de la persona– ese conocimiento es a posteriori, como ocurrió en mi caso. Y contra quienes dudan de la calidad moral de una persona como Alonso Cueto no puedo ni tengo ganas de imaginar qué respuesta se merecen.

Finalmente, sólo sé que este premio es la gran excusa que andaba buscando para ir a Lima en junio (pagando el billete y la estancia de mi bolsillo), disfrutar de los amigos, antiguos y nuevos, estar un par de semanas y regresar a España a toda carrera, recordando uno de los motivos por los cuales me fui de mi país».

(foto tomada del blog Letra Capital)

Comentarios reales

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Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios reales (UIGV, 2009)

A 400 años de la publicación de la primera parte de los Comentarios reales de los incas, libro fundamental de la literatura y cultura peruana, la universidad Inca Garcilaso de la Vega nos entrega una excelente edición de esta obra en tres tomos: uno con la primera parte (la más conocida) y dos con la segunda (la que suele presentarse con el título de Historia general del Perú). En ambos casos, la edición, actualización de los textos, apuntes biográficos y estudios prologales han estado a cargo de Ricardo González Vigil, reconocido crítico y miembro de la Academia.

El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) es considerado el primer escritor mestizo de América, pues perteneció a la primera generación de hijos de conquistadores españoles y mujeres nativas, y además fue autor de una de las obras más importantes de la literatura colonial hispanoamericana. Durante toda su vida trató de unir lo mejor de los dos mundos tan diferentes a los que pertenecía: nació en el Cusco y su lengua materna fue el quechua, pero pronto aprendió el castellano y el latín. En 1560 viajó a España, donde vivió durante más de medio siglo, dedicado a escribir su obra y a hacer traducciones de textos clásicos, como los Diálogos de amor de León Hebreo.

Fue precisamente en España, en 1586, que inició la redacción de los Comentarios reales, una ambiciosa narración (más de dos mil páginas en esta edición) que abarca toda la historia del Perú: desde la fundación del imperio inca hasta los enfrentamientos entre Huáscar y Atahualpa (primera parte); y desde el primer encuentro de Pizarro y Almagro hasta las guerras entre pizarristas y almagristas, y lo relativo a los incas rebeldes (segunda parte). En paralelo, describe con minuciosidad y acierto paisajes, mitos, tradiciones, costumbres y objetos propios de nuestro país y nuestra cultura.

El Inca Garcilaso fue un humanista y erudito, además de un gran prosista, de los mejores de las letras hispanas de su tiempo. Por ello, y por ser testigo presencial de sucesos decisivos de nuestra historia, su obra ha sido objeto de análisis de diversas disciplinas: historia, literatura, antropología, psicoanálisis, estudios pluriculturales. La bibliografía garcilacista es abundante y Ricardo González Vigil la maneja –en dos extensos ensayos introductorios que suman más de 200 páginas– con conocimiento y solvencia, haciendo importantes aportes para la mejor comprensión de este clásico de la literatura peruana.
(Artículo publicado previamente en La República)

Otros textos sobre esta edición de Comentarios reales: José Güich, Enrique Sánchez Hernani, Carlos Villanes Cairo. Y sobre la obra en sí, el ensayo de Raquel Chang-Rodríguez.

En las arenas del tiempo

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Rudy Jordán. En las arenas del tiempo (Bizarro editores, 2008)

Estudiante de periodismo, pero ya con algunos artículos y crónicas publicados en medios importantes, Rudy Jordán (Lima, 1985) debuta en la poesía con En las arenas del tiempo (Bizarro Editores, 2008), que aborda uno de los grandes temas de la literatura: el paso del tiempo. Se trata de veinte poemas enlazados por la experiencia del viaje –Jordán es un entusiasta viajero que ha recorrido varios países europeos, especialmente Grecia– como explica el propio autor en la lúdica “Bitácora de viaje”, con la que se inicia el libro.

La reflexión sobre la fugacidad del tiempo es desarrollada en cada poema a partir de un tópico específico: el amor (“Musa de arena”), la soledad (“Soledad”), la muerte (“Elegías de un adiós”) o la propia poesía (“De canto y rima”); y también de la revisión de aquellas “unidades” con las que medimos el tiempo: “Segundos”, “Horas”, “Días”, “Año Nuevo”. Son textos en los que Jordán se expresa con un lenguaje siempre claro y sencillo, apelando a los recursos poéticos más simples: desde rimas consonantes (“...y la fuerza del viento / con un grito sangriento...) y epítetos sonoros, hasta metáforas e imágenes ampliamente conocidas (en el título del libro, p.e.).

Aunque Jordán demuestra tener un aceptable manejo del verso, especialmente en lo que respecta al ritmo, sus opciones poéticas resultan demasiado elementales y a veces hasta ingenuas (incluso las ilustraciones parecen arte naif). Además, se advierte una falta de la actitud crítica, de la vocación cognoscitiva, del afán de llevar al extremo las posibilidades expresivas del lenguaje; es decir, de manejo de aquellos elementos más característicos de la lírica moderna. Sin ellos, los poemas corren el riesgo de convertirse en una simple sucesión de frases bonitas, como sucede con los textos “Amanecer en Grecia”, “Amigo” o “Musa de arena”.

Acaso esos elementos son los que marcan también la diferencia entre el uso “periodístico” y el uso “literario” del lenguaje. Rudy Jordán demuestra en este poemario haber alcanzado un buen dominio del registro periodístico, aunque como obra literaria el libro resulte fallido. Es algo que se puede de buena parte de los poemarios, novelas y libros de cuentos publicados por periodistas peruanos o extranjeros, desde Aquí no hay poesía de Jaime Bayly y Toque de queda de Raúl Tola, hasta El mundo de Juan José Millás, por citar algunos títulos recientes y exitosos entre los lectores.
(Artículo publicado previamente en La República).


En internet se puede leer el poema "Amanecer en Grecia"
Entrevistas: Max Palacios.
En el siguiente video Rudy Jordán y el "Chema" Salcedo conversan sobre En las arenas del tiempo.

Telúrica y magnética 1

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Telúrica y magnética. Revista de Escritura Creativa de la Unidad de Posgrado de la UNMSM.

En el mundo de habla hispana son pocas las universidades que cuentan con facultades o maestrías dedicadas a la creación literaria. La Universidad Mayor de San Marcos es una de ellas, y en su Maestría de Escritura Creativa se reúnen varias generaciones de escritores peruanos, desde maestros indiscutidos como Marco Martos (Piura, 1942), actual presidente de la Academia Peruana de la Lengua, hasta jóvenes talentosos y polémicos. Estos escritores han reunido en la revista Telúrica y magnética algunas muestras de lo más reciente de su producción, que abarca todos los géneros literarios: poesía, narrativa, crítica y ensayo.

Entre los textos incluidos en este primer número de la revista, publicado gracias al empeño de Gladys Flores, habría que resaltar los sonetos de Ana María Gazzolo, Gonzalo Portals, Jaime Urco y Róger Santiváñez; en narrativa los textos de Julio Fabián y David Arce; y en ensayo las diversas aproximaciones al poemario Mentadas de madre, libro póstumo de poeta y cineasta Pablo Guevara. En suma, Telúrica y magnética es, además de una buena revista, una oportunidad para descubrir algunas de las más novedosas y originales propuestas de la literatura peruana actual.



Otros textos sobre Telúrica y magnética: Raúl Jurado, Rodolfo Ybarra.

Un lugar llamado Oreja de Perro

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Iván Thays. Un lugar llamado Oreja de Perro (Anagrama, 2008)

Con Un lugar llamado Oreja de Perro el escritor Iván Thays (Lima, 1968) vuelve a la narrativa después de ocho años de publicar su anterior novela, La disciplina de la vanidad (2000). Un retorno tan esperado como exitoso, pues este nuevo libro ha sido finalista de la última edición del Premio Herralde, y por ello publicado en España y ampliamente comentado en ese país y otros de América Latina. La novela tiene una sombría trama: Oreja de Perro es un pequeño pueblo ayacuchano, arrasado por la violencia política, al que llega un joven periodista limeño que acaba de sufrir la muerte de su hijo y el abandono de su esposa.

El relato se inicia con esta llegada (el periodista debe cubrir una ceremonia en la que participará el presidente Alejandro Toledo) y acaba con el retorno del protagonista a Lima. Entre estos dos viajes suceden pocas cosas, pero la falta de acciones es compensada con la historias de diversos personajes, concebidos en base a estereotipos y referencias cinematográficas: Mónica, la esposa del periodista (“...idéntica a Mia Farrow”), el fotógrafo Scamarone (alcohólico, cínico...un Belmondo), la mística Jasmín (habla con los ángeles y lo adivina todo), el acomplejado Tomás (¿una caricatura de los rivales de Thays en la polémica entre escritores criollos y andinos?), etc.

Como siempre en la obra de Thays, más importante que los sucesos es el “viaje interior” (título de su novela de 1999) del protagonista: los recuerdos de su relación con Mónica, de los momentos compartidos con su hijo, o simplemente de sus anteriores comisiones periodísticas. Estas remembranzas se convierten en reflexiones literarias –escritas en un lenguaje aparentemente sencillo pero bastante elaborado– sobre aquellos temas que ya pueden ser considerados –aplicando la terminología vargasllosiana– los “demonios personales” de Thays: la memoria y la ausencia del ser amado.

El que esas reflexiones no tengan el interés ni el peso necesario es sin lugar a dudas el mayor problema de Un lugar llamado Oreja de Perro. Como en los personajes y en las historias, aquí también el autor opta por lo efectista, esquemático y algunas veces hasta frívolo. El protagonista del libro enfrenta las peores tragedias personales y sociales, sin embargo parece más preocupado en elaborar intrascendentes juegos literarios (recordando el momento preciso de la muerte de su hijo, no puede dejar de mencionar a Guillaume Apollinaire y Kenzaburo Oé) o en coquetear con todas las jóvenes que encuentra, buscándoles parecidos con actrices famosas.
(Artículo publicado previamente en La República).




Actualización (11-2-2009)

Iván Thays ha escrito una respuesta a esta reseña, aunque en ella incurre en algunas tergiversaciones. En la reseña nunca se afirma que la novela trata la violencia política de una manera correcta o incorrecta, porque esa violencia es apenas un telón de fondo para el relato. Y cuando se habla de reflexiones sin peso o frívolas se refiere no al tema de la violencia sino a los de “la memoria y la ausencia del ser amado”. Cito la reseña:

“Estas remembranzas se convierten en reflexiones literarias… sobre aquellos temas que ya pueden ser considerados –aplicando la terminología vargasllosiana– los demonios personales de Thays: la memoria y la ausencia del ser amado. El que esas reflexiones no tengan el interés ni el peso necesario es sin lugar a dudas el mayor problema de Un lugar llamado Oreja de Perro. Como en los personajes y en las historias, aquí también el autor opta por lo efectista, esquemático y algunas veces hasta frívolo.”

No hay en la reseña nada de “critica social” ni de la tan temida presencia de Miguel Gutiérrez. Pero, al parecer, Thays no acepta que se le ponga ningún reparo a su novela, así que inventa una “teoría de la conspiración”: la de los críticos peruanos que no le perdonan… etc. Por supuesto, esa teoría no tiene sustento: las reseñas que cuestionan más duramente a la novela son las del español J. Carrión, el chileno Rodrigo Pinto o el mexicano Rafael Lemus. ¿Serán todos ellos críticos sociales discípulos de Gutiérrez?



Se puede leer un fragmento de la novela en El Boomeran.
Otros textos sobre Un lugar llamado Oreja de Perro: Joaquín Arnáiz, Ernesto Calabuig, J. Carrión, Javier Fernández, Rafael Lemus, Pablo Martínez, Martín Palma, Antonio Parra, Edmundo Paz Soldán, Rodrigo Pinto, Antonio de Saavedra, Eduardo San José, Enrique Sánchez Hernani, Mayra Santos-Febres, Carlos Sotomayor, Ricardo Sumalavia.
Entrevistas: Ernesto Carlín, Silvina Friera, Juan Carlos Galindo, Gonzalo Pajares, Enrique Planas, Carlos Sotomayor.