Cruce de caminos

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Samuel Cardich. Cruce de caminos (El Albatros, 2008)

Con más de diez libros publicados, Samuel Cardich (Huánuco, 1947) es uno de los pocos escritores que alternan, manteniendo pareja calidad, la narrativa con la poesía. Sus obras, en ambos géneros literarios, han sido elogiosamente comentadas por la crítica, traducidas a otros idiomas e incluidas en las más importantes antologías de nuestro medio (las de Ricardo González Vigil, por ejemplo). El más reciente libro de Cardich es Cruce de caminos (El Albatros, 2008), un conjunto de nueve relatos que muestra la vitalidad de la narrativa de este perseverante autor.

Cardich se inició literariamente con los cuentos de Malos tiempos (1986) que presentaban situaciones de la vida urbana provinciana y que estaban más centrados en los aspectos psicológicos de los personajes que en el retrato social o el color local (como acertadamente señaló Manuel Baquerizo). Esos rasgos se mantienen en estos nuevos cuentos. En los dos iniciales, “El cielo que todavía me espera” y “La última fiesta del año en la carretera central”, por ejemplo, se narra a través de monólogos interiores de los protagonistas, en los que expresan sus dudas e inquietudes ante los extraños sucesos que están viviendo. Casi no hay descripciones de ambientes o de personajes secundarios.

Otras constantes son la diversidad de técnicas empleadas (hay cuentos en los que se alternan narradores en primera y segunda persona) y la evidente vocación de oralidad del lenguaje. Y acaso este último sea el punto débil de los relatos, que por querer reflejar el habla real de la gente (especialmente de los estratos más bajo), terminan reuniendo demasiados lugares comunes y utilizando las palabras de manera poco creativa. A eso se suma un a veces excesivo interés del autor por las situaciones sórdidas y los personajes con características “especiales” más bien negativas: locos, tontos, ingenuos, inexpertos, etc.

En cambio, en lo que respecta a la poesía –género en el que se inició en 1986, con el libro Hora de silencio (1986)–, las opciones de Cardich son completamente opuestas: lo oral deja su lugar a un lenguaje artístico y bastante elaborado; lo oscuro y complejo de la vida urbana es reemplazado por la belleza simple y elemental de la naturaleza; y los temas sórdidos por reflexiones sencillas y directas sobre el tiempo, la soledad y la memoria. Al menos así sucede en Puerta de exilio (2008) su más reciente poemario, que figuró en diversos recuentos de los mejores libros publicados el año pasado en nuestro país.
(Artículo publicado en La República)