Un lugar llamado Oreja de Perro

thays
Iván Thays. Un lugar llamado Oreja de Perro (Anagrama, 2008)

Con Un lugar llamado Oreja de Perro el escritor Iván Thays (Lima, 1968) vuelve a la narrativa después de ocho años de publicar su anterior novela, La disciplina de la vanidad (2000). Un retorno tan esperado como exitoso, pues este nuevo libro ha sido finalista de la última edición del Premio Herralde, y por ello publicado en España y ampliamente comentado en ese país y otros de América Latina. La novela tiene una sombría trama: Oreja de Perro es un pequeño pueblo ayacuchano, arrasado por la violencia política, al que llega un joven periodista limeño que acaba de sufrir la muerte de su hijo y el abandono de su esposa.

El relato se inicia con esta llegada (el periodista debe cubrir una ceremonia en la que participará el presidente Alejandro Toledo) y acaba con el retorno del protagonista a Lima. Entre estos dos viajes suceden pocas cosas, pero la falta de acciones es compensada con la historias de diversos personajes, concebidos en base a estereotipos y referencias cinematográficas: Mónica, la esposa del periodista (“...idéntica a Mia Farrow”), el fotógrafo Scamarone (alcohólico, cínico...un Belmondo), la mística Jasmín (habla con los ángeles y lo adivina todo), el acomplejado Tomás (¿una caricatura de los rivales de Thays en la polémica entre escritores criollos y andinos?), etc.

Como siempre en la obra de Thays, más importante que los sucesos es el “viaje interior” (título de su novela de 1999) del protagonista: los recuerdos de su relación con Mónica, de los momentos compartidos con su hijo, o simplemente de sus anteriores comisiones periodísticas. Estas remembranzas se convierten en reflexiones literarias –escritas en un lenguaje aparentemente sencillo pero bastante elaborado– sobre aquellos temas que ya pueden ser considerados –aplicando la terminología vargasllosiana– los “demonios personales” de Thays: la memoria y la ausencia del ser amado.

El que esas reflexiones no tengan el interés ni el peso necesario es sin lugar a dudas el mayor problema de Un lugar llamado Oreja de Perro. Como en los personajes y en las historias, aquí también el autor opta por lo efectista, esquemático y algunas veces hasta frívolo. El protagonista del libro enfrenta las peores tragedias personales y sociales, sin embargo parece más preocupado en elaborar intrascendentes juegos literarios (recordando el momento preciso de la muerte de su hijo, no puede dejar de mencionar a Guillaume Apollinaire y Kenzaburo Oé) o en coquetear con todas las jóvenes que encuentra, buscándoles parecidos con actrices famosas.
(Artículo publicado previamente en La República).




Actualización (11-2-2009)

Iván Thays ha escrito una respuesta a esta reseña, aunque en ella incurre en algunas tergiversaciones. En la reseña nunca se afirma que la novela trata la violencia política de una manera correcta o incorrecta, porque esa violencia es apenas un telón de fondo para el relato. Y cuando se habla de reflexiones sin peso o frívolas se refiere no al tema de la violencia sino a los de “la memoria y la ausencia del ser amado”. Cito la reseña:

“Estas remembranzas se convierten en reflexiones literarias… sobre aquellos temas que ya pueden ser considerados –aplicando la terminología vargasllosiana– los demonios personales de Thays: la memoria y la ausencia del ser amado. El que esas reflexiones no tengan el interés ni el peso necesario es sin lugar a dudas el mayor problema de Un lugar llamado Oreja de Perro. Como en los personajes y en las historias, aquí también el autor opta por lo efectista, esquemático y algunas veces hasta frívolo.”

No hay en la reseña nada de “critica social” ni de la tan temida presencia de Miguel Gutiérrez. Pero, al parecer, Thays no acepta que se le ponga ningún reparo a su novela, así que inventa una “teoría de la conspiración”: la de los críticos peruanos que no le perdonan… etc. Por supuesto, esa teoría no tiene sustento: las reseñas que cuestionan más duramente a la novela son las del español J. Carrión, el chileno Rodrigo Pinto o el mexicano Rafael Lemus. ¿Serán todos ellos críticos sociales discípulos de Gutiérrez?



Se puede leer un fragmento de la novela en El Boomeran.
Otros textos sobre Un lugar llamado Oreja de Perro: Joaquín Arnáiz, Ernesto Calabuig, J. Carrión, Javier Fernández, Rafael Lemus, Pablo Martínez, Martín Palma, Antonio Parra, Edmundo Paz Soldán, Rodrigo Pinto, Antonio de Saavedra, Eduardo San José, Enrique Sánchez Hernani, Mayra Santos-Febres, Carlos Sotomayor, Ricardo Sumalavia.
Entrevistas: Ernesto Carlín, Silvina Friera, Juan Carlos Galindo, Gonzalo Pajares, Enrique Planas, Carlos Sotomayor.

29 comentarios:

Anónimo dijo...

ATENCIÓN ESCRITORES PRINCIPIANTES:

TENGAN CUIDADO CON LOS EDITORES PERUANOS,QUE TE ROBAN TU NOVELA CORTA Y SE LA VENDEN A ALGUN ESCRITOR MEDIOCRE.

LE CAMBIAN EL NOMBRE DE LOS LUGARES Y DE VARIOS PERSONAJES.
NO ENVIES TU NOVELA CORTA A EDITORIALES PERUANAS.

PASA LA VOZ.

LuchinG dijo...

No es que quiera defender a Thays (él no es santo de mi devoción, y además no he leído la novela), pero en todo caso, ¿no estaría más bien el problema en que al elaborar un intrascendente juego literario ante la muerte de su hijo, eso no revela un rasgo particular del personaje? Quiero decir: a un tipo frívolo, a un tarado o a un adolescente de cincuenta años también se le puede morir un hijo, y puede querer convertir eso en un juego literario frívolo; esta combinación se convierte en frívola cuando el contraste no conduce a nada. Me recuerda un problema que tuve con alguien que fue mi amigo hace varios años: yo le decía: tu personaje no puede decir que cambió su vida porque leyó un poema de Perico de los Palotes: nadie cambia porque lee un poema; cambia porque tiene muchas cosas acumuladas adentro y quizás el poema sea la gota que rebalse el vaso; si lo dice así, puede ser que quiera ocultar lo que le pasa, o lo dice en serio pero es un tipo un tanto adolescente; pero el narrador no nos da un indicio de alguna de estas dos cosas esté pasando. (En ese momento mi ex-amigo casi se convierte en mi ex-terminador).

Lo mismo con lo de andar buscándole parecido a las mujeres con actrices y coquetear con ellas.

Bueno, qué opinas.

El anticuario dijo...

¿Habrá pataleta esta vez, otra vez?

Anónimo dijo...

Acertado comentario, señor Agreda. Creo que el mayor problema de Thays está en su incapacidad para retratar situaciones humanas reales y, con ello, personas humanas reales. Antes sus novelas tenían cierta gracia porque, a pesar de este grave defecto, el lenguaje era algo atractivo. Ahora, simplicado éste, el esquematismo, la artificiosidad, la banalidad en suma, se imponen. Ojalá no se las agarre con usted por el simple hecho de haber dicho honestamente lo que pensaba....

Anónimo dijo...

Estimado señor Ágreda:

Reciba mis parabienes. Acabo de leer su reseña sobre la novela del señor Thays y le escribo porque ninguna de las otras que he cotejado ha coincidido en tanto con mis propias impresiones de la lectura. Incluso llegué a leer que se trataba de una novela de hondura sentimental insondable o algo por el estilo. Cuando leí eso pensé que había caído en una dimensión desconocida, en un mundo al revés. Afortunadamente, lo que usted escribe me devuelve la fe en la realidad. Ojalá muchos más reseñistas hicieran honor a su condición de lectores y expresaran con franqueza la voz de su sensibilidad. Los lectores los acompañaremos, no lo dude.
Felicidades.

Anónimo dijo...

"Me recogieron unas horas más tarde.Hice mi trabajo.Regresé al cuarto y llamé a mónica. Me dijo que me extrañaba, que había demorado en llamarla.Hablamos media hora. Luego descubrí que había teléfono en el baño y me divirtió llamarla desde ahí.
¿Donde crees que estoy sentado?
¡Qué me estoy agarrando ahora? Tibio, tibio
¡Eres un cerdo!
Al día siguiente me hice un tiempo para ir a un centro comercial y le compré algunos regalos.Sobre todo ropa. Había descubierto con Mónica que comprarle ropa me excitaba. No necesariamente ropa interior sino zapatos, faldas blusas. Vestirla.

pájinas 159 y 160 de oreja de perro.

Anónimo dijo...

ATENCIÓN ESCRITORES PRINCIPIANTES

no se equivoquen,cuando escribi esta advertencia,en el post de Oreja de Perro, no lo dije por Ivan Thays,sino por otro escritor, que no figura en ninguna parte,solo en su circulo de mediocres.

pasa la voz

Anónimo dijo...

A mi modesto entender, la mejor novela de Thays hasta la fecha es El Viaje Interior. Creo que su chochera Edmundo Paz Soldan tambien opina lo mismo. El viaje interior es una novela compleja, un tanto dificil de leer.
Ahora la prosa de Thays ha cambiado...y mucho...no se si para bien o para mal...
En fin, con los fragmentos leidos de "Oreja de Perro" no me parece que la novela prometa. Lo que si espero es que Ivan tenga la hidalguia de publicar esta lúcida reseña en su blog.
Mis respetos, señor Ágreda.

Anónimo dijo...

Coincido con todo lo que usted señala, señor Agreda, salvo en eso de que es una prosa trabajada. Yo veo más bien un lenguaje desmañado, directo pero ineficiente, que ha sido corregido bastante pero que, a pesar de eso, no logra trasmitir nada. Me parece muy triste que el señor Thay diga que esa operación le ha deparado ocho años; una novela así se escribe en una mes y se corrige, en el peor de los casos, once meses. El problema fue que la cosa salió mal desde el principio y el maquillaje lo único que hace es acentuar los defectos, que, como han indicado usted y algunos otros críticos independientes, son muchísimos más que los aciertos.

Anónimo dijo...

Esta crítica me parece muy mala. Iván Thays es un gran escritor. Eso mismo, un grande. Se nota que el autor de este comentario le tiene envidia. Cuándo aprenderemos los peruanos. El éxito hay que reconocerlo y seguirlo, yo a usted lo respeto señor thays. Leí su libro en la playa y quedé encantada. Mi primo también tuvo la mala suerte de estar con una loca y sin embargo él no escribió una gran obra como usted. Siga adelante, no haga caso de los envidiosos.

Javier Ágreda dijo...

Gracias a todos por sus comentarios. La cantidad de ellos prueba el interés con el que seguimos la obra de Iván Thays. Pero hay un par de preguntas que no quiero dejar en el aire. En primer lugar LuchinG pregunta si la frivolidad señalada en el protagonista “¿… no revela un rasgo particular del personaje?”. Cuando leí la novela, con el protagonista posponiendo la escritura de esa carta a su esposa, no podía dejar de pensar en Hamlet, posponiendo también la venganza del asesinato de su padre. Pero Hamlet es un personaje teatral: lo que conocemos de él son sólo aspectos exteriores: sus palabras, sus gestos, sus acciones; en él la tormenta en realidad “va por dentro”. En el caso de la novela, conocemos bien el interior del personaje; y tal vez ese es el problema: la falta de coherencia entre lo que dice sentir y lo que piensa. Un problema que además está presente casi todos los personajes.

El anónimo de las 2:05 dice no estar de acuerdo con lo del “lenguaje sumamente elaborado”. Según él, el lenguaje es más bien “desmañado… corregido bastante pero que a pesar de eso no logra transmitir nada”. Comparto la opinión, al parecer ha habido un exceso de corrección y de adorno. Se nota que en algunos pasajes se han cambiado algunas palabras por otras más sonoras y prestigiosas, aunque no estén bien empleadas. Thays dice, por ejemplo: “El antónimo ideal de la memoria debe ser la imaginación, fantasear, hacer ficción. No la amnesia”. Pero “la memoria” no puede tener antónimos, porque sólo las palabras tienes antónimos (significantes, no significados). Lo que Thays debió escribir es “Lo opuesto a la memoria debe ser la imaginación…”. Lo mismo le pasa con “pleonasmo”. Hay muchos errores de este tipo en la novela, como señalé en un foro literario hace un par de semanas.

LuchinG dijo...

Me dan ganas de leerla sólo para ver si te puedo dar la contra.

Anónimo dijo...

me dan ganas de decirle a Luching que se parece mucho a Thays.

Anónimo dijo...

La nueva novela de Thays pierde consistencia dramática cuando la acción se aboca a las reflexiones de los protagonistas;en eso estoy de acuerdo con usted,señor Ágreda.Pero si vamos a tildar a esta novela de "buena",hummm...no sé.La buena novela,propiamente dicha,no se ocupa tanto de la reflexión intrascendente y frívola.Hay creaciones maestras que no han necesitado de la sesuda introspección para ser lo que son,pilares de la literartura.Le aconsejaría a Thays que se centre mas en la acción y deje de leer a Pitol y Vila-Matas,al menos hasta que se desintoxique un poco de ellos.

Charly Martínez.

Anónimo dijo...

Heces, sólo heces. Qué más puede esperar usted, señor Agreda, de un escritor que cuando un lector le pregunta si posteará su reseña, éste responde (y ojito con la aclaración del comienzo): “No estoy mas gordo sino mas robusto. Voy al gimnasio y, como ya dije, saldré desnudo en el blog en abril.Y sí, Agreda estará aquí, no podría desairarlo de esa manera, no? Finalmente, es su única oportunidad de que su nombre suene fuera de La República...”
Ese ese el señor Thays. Y esa debe ser la disciplina de la vanidad: estoy mas robusto jeje. Se burla de usted diciendo que su nombre no figura fuera de “La República”. ¿La República? Se refiere al diario o a La República peruana. Este Thays habla de una literatura latinoamericana y luego ninguna a un reseñador que no suena fuera de La República. Ahora ya entendemos que usó la violencia como pretexto para sonar fuera de La República jejeje qué tipo para más arribista.

Perleche
LEANLO USTEDES MISMOS
http://notasmoleskine.blogspot.com/2009/02/moleskine-literario-en-huanchaco.html#comments


7:35 PM

Estara la reseña de Agreda??



4:38 AM

No estoy mas gordo sino mas robusto. Voy al gimnasio y, como ya dije, saldré desnudo en el blog en abril.

Y sí, Agreda estará aquí, no podría desairarlo de esa manera, no? Finalmente, es su única oportunidad de que su nombre suene fuera de La República...

Saludos

IVAN



5:25 AM

Don Ivan, ese puntillazo final sobre Agreda en tu comment me suena a bronca. No seas malo con Agreda, total el solo lee libros y luego los comenta a travez de sus criticas.
Nunca le des la espalda a las visicitudes de la vida.
La imperfeccion -de ambos, de todos- es un gran consuelo.

Saludos cordiales,

Anónimo dijo...

Lo más interesante de la reseña de Agreda es que no ha recibido respuesta de Thays. Thays que estaba muy entusiasmado en publicar toda reseña que saliera sobre su obra, esta vez calla en todas las formas. ¿Porqué no postea la reseña de Agreda en su blog? ¿Agreda lo insulta? No. Agreda da en el clavo y Thays lo sabe y Thays sabe también que el blog de Agreda o la Republica, no sale de la Republica peruana y su blog sí. Por eso esconde la critica de Agreda, y porque no tiene argumentos para responder. La deshonestidad, (amparada por el tambien astutamente deshonesto Faveron que le hace el juego siempre a Thays) es una muestra de una personalidad la de Thays, no sólo de una falta total de ética sino enfermiza. Es de un exhibicionismo que ni para Vargas LLosa es tolerable, no por exhicionismo sino por tratarse de una exbicionismo grosero para un escritor que se pretende importante, es diría hasta vulgar y populachero por eso irrita a MVLL.

Anónimo dijo...

Faveron es "astutamente deshonesto"? Quien escribe semejante tontera?
Thays esta en Juanchaco, ya regresara y posteara la reseña de Agreda, la de Kike Sanchez y alguna otra. Y a Agreda la dira sus insultitos tontos, amariconados. Paciencia.

EL JUSTICIERO dijo...

Creo que la reseña que ha realizado Sr. Agreda es la mejor que he leido desde que reseño la novela de Augusto Higa. por fin veo que mi lectura de una novela tan frivola que considere algo que debió quedars en el baul de lo que jamás debió publicarse es presentada en su justa medida. Quiero evitar adjetivar la reacción del autor porque no merece atención. Pero si resaltar que cuando uno se dedica más a jugar winnig que a escribir ocurren cosas como estas...

Anónimo dijo...

Thays adelanta que Peter Elmore, el ideologo de Daniel Salas en Boulder, ha reseñado su novela para Hueso Humero. Elmore es un critico neoliberal. Por eso ha escrito de manera positiva sobre el abordaje que hace Thays de la violencia politica.

LuchinG dijo...

Me olvidaba: creo que él tiene un punto con lo de andinos y criollos. A mí me pareció que mencionar la posible caricatura estba de más, pero como casi no me enteré de ese lio, no lo mencioné. ¿Hasta qué punto será posible señalar las circunstancias personales del autor en una reseña, como lo hizo Lemus? Para mi son dos cosas separadas: por un lado está el texto y por otro las intenciones, afanes, defectos o virtudes personales del autor. Hace tiempo un historietista de El Comercio hizo un personaje basándose en un amigo mío. Lo hizo muy mal, por cierto, pero eso no tenía nada que ver con que fuera una forma tonta de tratar de prevalecer en una rencilla personal. Su deber como autor era que, aunque sea una forma tonta de vencer en una rencilla personal, al mismo tiempo consiga crear un buen personaje.

Anónimo dijo...

Sr. Agreda, no le haga caso a Thays y sus "respuestas" ante una crítica que tiene todo el derecho y la libertad de expresar los reparos que estime convenientes. Thays deja mucho que desear, intelectualmente hablando, cuando hace sus descargos.

Anónimo dijo...

Pobre Thays señor Agreda, me he enterado que por su reseña estuvo tomando lexotàn

Anónimo dijo...

Así como señalas a quienes han criticado a Thays, hay quienes lo han elogiado mucho.

No se trata de si Thays o no ha escrito una buena novela, sino de la existencia de distintas lecturas ante cualquier novela, por más genial o mala que sea.

Tú tienes tu lectura, pero ¿estás dispuesto a asumir que existen otras que consideran la novela extraordinaria o solo tú puedes tener la razón?

Anónimo dijo...

Lo de Thays es francamente lamentable. Dice que hay que poner el cuerpo para defender la obra. En realidad, lo que habría que jacerse es meter el cuerpo en la obra. El cuerpo y el alma. Nada de eso hay en la novela de ese señor. Es un engañado y quiere engañar a los demás, pero estoy seguro de que en lo más íntimo él sabe que su novela es de regular para abajo. Si no, no se haría tanto autobombo rebotando lo que dijeron los medios interesados o convenidos. Como dice esa vieja frase: dime de qué alardeas y te diré que te falta...

Anónimo dijo...

Señor Agreda: Una recomendación o un pedido más bien. Saque una reseña más amplia que la que ha publicado. Sin duda usted es un lector inteligente y enterado que puede explicar con más argumentos y ejemplos por qué se trata de una novela fallida. Yo también creo lo mismo, pero estoy convencido de que, en un texto más largo, usted podrá fundamentar mejor las incosistencias que menciona en este breve texto.

Anónimo dijo...

Thays cree que se le critica porque se le tiene envidia. Lo que sucede con él es que es un personaje patético, único, eso sí, en la literatura peruana. Me recuerda a Kiko de El Chavo. Sus estupideces y engreimientos pueden resultar graciosos, pero cuando trata de imponerlos a los demás ahí sí que la gente le sale al frente. Es inevitable.

Anónimo dijo...

THAYS, MEDIOCREMENTE, INSINUA QUE TU RESEÑA ES VENGATIVA, UN DESQUITE POR LO QUE TE DIJO CUANDO RESEÑASTE LA HORA AZUL

Hace unos años, en el fenecido y nunca bien entendido blog Bata Jaonesa, expuse mis reparos Javier Agreda como reseñista ante el incosistente comentario que hizo de La Hora Azul de Alonso Cueto. No encuentro el post que escribí entonces, lamentablemente. Ahora, me limitaré a resaltar los puntos principales de su reseña a Un lugar llamado Oreja de perro.

Anónimo dijo...

Señor Ágreda:
Resulta bochornosa la participación de un criterio serio como Gustavo Faverón y de un trust de personas vinculadas con el gran negocio editorial - que también maneja páginas de crítica en internet-, los que se empeñan por todos los medios en decir exactamente lo contrario que usted. Yo entiendo que la crítica es una ciencia humana y pertenece al terreno de lo opinable, pero semejante polarización solo induce a pensar que alguien está "mamando gallo" como diría García Márquez. Ellos parecieran empeñados en sostener que quienes calificamos de muy inferior al texto perpetrado por el señor Thay somos los que ignoramos todo, actuamos de mala fe, etc, etc,. Es eso tolerable? Yo creo que no. Mas bien pienso que ese bombo masivo, frenético, continuo, en la senda de "habla y habla que al fin creerán", es la mejor prueba de que una mafia funciana al servicio de sus ahijados en una suerte de sociedad de pompas mutuas para obtener pingues beneficios económicos (además de inflar egos). Me parece imprescindible alzar la voz contra ese engaño teledirigido que perjudica únicamente a los pocos y esforzados compradores de libros.

Anónimo dijo...

A la Policía se la respeta

Al escribir estos reglones, reflexiono si debo hacerlo o no, pues siempre existe el temor de ser descubierto y perseguido por el Estado y por mis propios colegas, porque seguramente se me va a tildar de infidente, pero eso no importa, pues lo que escribiré es lo que pasa a diario en esta nuestra querida Institución Policial.

Soy Policía, y desde el interior de nuestra noble institución contemplo como es que ¿se nos respeta?. Mucho se habla sobre la corrupción que existe en la Policía, muchos incluso llegan a decir, que la Policía debe desaparecer, pero, eso será una solución a tan álgido problema. Me parece que no, que la solución no está en dar de baja a la mitad de la institución, a las tan famosas reorganizaciones policiales, a agravar las sanciones para los miembros de la Policía, como así lo pretendió hacer el entonces Presidente FUJIMORI, cuando duplicó las sanciones penales para los policías que incurrían en actos ilícitos, o como es el caso de la actual Ministra, que con bombos y platillos señala que las sanciones a los policías deben agravarse, que se debe dar de baja a todos aquellos que cometan faltas graves, que se les degrade publicamente. Señores, esa no es la solución a tan tamaño problema.
La solución, creo yo, a mi diminuto conocimiento, que se va a dar cuando se haga un cabal reconocimiento del problema que se vive en el interior de la policía, que se le pregunte al policía que día a día sale a las calles a patrullar la ciudad, con la finalidad de prevenir la comisión de los delitos y faltas, de proteger a la ciudadanía, que ellos indiquen cuales son sus problemas que hacen que merme su rendimiento en la institución. Se encuenta siempre al Oficial de máximo rango, es decir a los generales, se les pregunta a ellos, que problemas existe en la Policía, y lógico, ellos siempre van a encontrar "sálidas" a esas preguntas, siempre van a decir que en la policía no hay problemas; ellos siempre van a cuidar el puesto que tienen, porque no quieren cuestionar al Gobierno. Debo reconocer también que el efectivo policial no va a decir que problemas tiene, pues está prohibido hacer declaraciones, pero debe existir un medio para conocer sus necesidades.
El principal problema que existe en la Policía, es el económico, pues las remuneraciones no alcanzan ni siquiera para la canasta familiar, entonces el efectivo policial tiene un grave problema, tiene que ver la forma de conseguir dinero para solventar los alimentos de su familia, entonces resulta una puerta abierta para la corrupción. El Gobierno dice que hace denodados esfuerzos para lograr el aumento para la policía, y me pregunto, ¿Que esfuerzos hace?, nada, pues si lo haría, hace más de 20 años que ya nos hubieran solucionado este problema, ya que hace más de 20 años que ingresé a la Policía, nos dijeron que el proyecto de remuneraciones de la Policía ya estaba por hacerse efectivo, sigo esperando.
Se habla mucho de la necesidad de más policías, y ello es cierto, pero, no les parecer que los policías que actualmente vienen trabajando, su rendimiento laboral no supera el 50% del 100% que deben brindar. Y ello es así, porque un policía con problemas que arrastra desde el hogar, con problemas económicos, exahusto, debido a que no descansa, ya que debe laborar en sus días de franco y de vacaciones para poder parar la olla, además que debe adquirir con sun propio peculio, su iniforme, accesorios tales como silbato, correajes, chalecos, etc., así como sus propios equipos de cómputo, útiles de escritorio, cinta y/o tinta para las impresoras, mantenimiento de la máquina, etc., etc., lo que hace que su sueldo sea más exiguo cada día; entonces ese policía no va a rendir como se quisiera. Si un Policía rendiría el 90% de su rendimiento laboral, téngalo por seguro que la labor policial sería más eficiente, se generaría una verdadera lucha contra delincuencia, existiría más seguridad en las calles, y por supuesto, la ciudadanía recuperaría la fe de seguridad y pacificación que desde hace muchos años perdió. Recuerdo que una una señora, al acudir a la dependencia policial donde laboraba, cuando vio que en casi todas las Oficinas había equipos de cómputo, me dijo, ¡que bien que el Gobierno ya les haya comprado sus computadores, con ello van a mejorar su trabajo!; hojalá eso hubiera sido cierto.
Entonces, señores, para lograr ese objetivo, se requiere de policías sin problemas, descansados, con las ganas y energías de brindar un buen servicio a la sociedad, que el apoyo del Gobierno sea total, pues la delincuencia cada día aúmenta, creando nuevos delitos, y los policías no podemos quedarnos dormidos en nuestros laureles.
Esperamos la comprensión del Gobierno y que de una vez por todas se acuerden que existimos, que nosotros día a día luchamos por que en nuestro país se cumpla la Ley, y sobre todo vivir en un clima de paz y seguridad.