Lo mejor del 2006



Hay consenso en que los libros más importantes publicados durante el 2006 en nuestro país son Guerra a la luz de las velas de Daniel Alarcón y Travesuras de la niña mala de Mario Vargas Llosa. El primero es seguramente el más auspicioso debut literario en muchos años; el segundo la ratificación de la calidad de la obra de uno de nuestros mayores narradores del siglo XX.

La lista que sigue no es precisamente de los mejores libros del año (eso siempre queda a criterio personal), pero sí de los más importantes, los que recibieron más comentarios y elogios de la crítica.


Novela:

1 Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa (Alfaguara).

2 El fondo de las aguas. Peter Elmore (Peisa).

3 Abril rojo. Santiago Roncagliolo (Alfaguara).

4 La segunda visita de William Burroughs. Carlos Calderón Fajardo (F.E. de San Marcos).

5 Órbitas. Tertulias. Mirko Lauer (Hueso Húmero).



Cuento:

1 Guerra a la luz de las velas. Daniel Alarcón (Alfaguara).

2 Danzantes de la noche y de la muerte. Edgardo Rivera Martínez (Alfaguara).

3 El pez que aprendió a caminar. Claudia Ulloa (estruendomudo)

4 El mascarón de proa. José Güich (Mesa Redonda)

5 El sentido de los límites. Carlos Schwalb Tola. (RSE)



Poesía:

1 Banderas detrás de la niebla. José Watanabe (Peisa)

2 Hospital. Pablo Guevara (San Marcos)

3 Aunque es de noche. Marco Martos (Hipocampo)

4 Simulación de la máscara. Tulio Mora (Hora Zero)

5 Octubre. Manuel Fernández (estruendomudo)



Antologías, obras completas, ensayo:


1 Toda la sangre. Gustavo Faverón, compilador (Matalamanga)

2 Poesía soñada. Xavier Abril (F. E. de San Marcos)

3 Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol. Miguel Gutiérrez (F. E. del Congreso)

4 En la comarca oscura. Chueca, Güich y López Degregori (U de Lima)

5 Narrativa completa. Clemente Palma (Rectorado de la U. Católica)


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Ursua


William Ospina. Ursúa (Alfaguara, 2005)

Luego de seis años de investigación y documentación, el conocido poeta y ensayista colombiano William Ospina (Tolima, 1954) dio a conocer su primera novela Ursúa, que cuenta la vida del conquistador español Pedro de Ursúa (1526-1561), fundador de varias ciudades (Pamplona, Tudela) y uno de los primeros en recorrer el país enfrentando y derrotando, a veces con crueldad extrema, las sublevaciones indígenas. La vida del aguerrido y joven capitán (llegó a América con 17 años), le sirve a Ospina como pretexto para narrar, desde el punto de vista de los conquistadores, este episodio histórico.

Contada por un personaje-narrador basado en el cronista Juan de Castellanos –sobre el que Ospina ha escrito Las auroras de sangre (1999)–, la novela está centrada en las vivencias de esos conquistadores: sus actos heroicos y vilezas, sus ambiciones desbordadas y continuas disputas, el descubrimiento de un continente lleno de prodigios naturales. Y también su progresivo deterioro moral y cambios súbitos de fortuna, pues hasta los más importantes y poderosos (Pizarro y Almagro, también personajes en esta ficción) podían perderlo todo en los campos de batalla o caer en desgracia y regresar encadenados a una España que se esforzaba por poner orden en sus nuevos y caóticos dominios.

Ospina despliega en las casi 500 páginas de esta novela su excelente prosa –es corrector de estilo de GGM–, con una marcada tendencia al barroquismo, especialmente en las descripciones: largas enumeraciones, rebosantes de adjetivos, epítetos y símiles. El afán descriptivo se conjuga con la imaginación y vocación poética del autor al mostrar las costumbres, los mitos y las prácticas guerreras de las “muchas naciones indias” existentes en la actual tierra colombiana. Pero hay siempre un trasfondo de objetividad y crítica racional que impide que la novela caiga en los tópicos y excesos del ya anacrónico realismo mágico.

A pesar de su calidad literaria, estas recurrentes descripciones entorpecen el desarrollo de las acciones, revelando en Ospina, debutante en el género novelístico, una cierta “inexperiencia para urdir con solidez la trama y alcanzar un auténtico clima narrativo” (Mónica Montes). La azarosa vida de Ursúa recién pasa a un primer plano en la segunda mitad del libro, cuando comienzan a narrarse sus batallas (“He tardado en llegar al momento en que Ursúa mató por primera vez”), tanto indígenas como esclavos negros. A ello hay que sumar el peso de la documentación y las “tesis” del autor, que le impiden trabajar con libertad a los personajes históricos y hacen demasiado irreales a los ficticios, como los nativos Oramín y Z’Bali.

Ursúa es el primero de los tres libros en los que Ospina narrará la vida de este conquistador. Los otros dos son El país de la canela y La serpiente sin ojos, y versarán sobre la participación de Ursúa en las expediciones amazónicas en busca de El Dorado: primero al lado de Orellana y después con el mítico Lope de Aguirre, a manos de quien murió. Más cerca de los grandes poemas épicos que de la novela moderna, esta trilogía está llamada a ser el gran cantar de una gesta que dejó en nuestro continente heridas que hasta ahora permanecen abiertas.


Se puede leer el primer capítulo de Ursúa en la página web de Alfaguara.
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Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol


Miguel Gutiérrez. Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol (FEC, 2006)

Miguel Gutiérrez (Piura,1940) ha escogido a los personajes femeninos de sus novelas como eje del libro Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol, una antología personal que reúne fragmentos de seis novelas y que abarca más de 40 años de su producción literaria. El más antiguo de los textos seleccionados es Monólogo de Blanca –fragmento de su primera novela El viejo saurio se retira (1968), ambientada en la Piura de los años 60–, en que el autor reproduce, sin interrupciones de ningún tipo ni signos de puntuación, el peculiar discurso de una solterona ante su amante secreto, un adolescente que además es su sobrino.

Este monólogo –que ya fuera incluido, con el título de Ejercicios espirituales, en la antología Narrativa peruana 1950/1970 (1973)– anuncia varias de las características de los relatos incluidos en el libro. En primer lugar, que se trata de textos “completos” (no editados) que cuentan la historia de algún personaje femenino. También el carácter transgresor de estas mujeres que “desbordan las convenciones del género y se apartan del estereotipo fijado por la sociedad para ellas”, como se afirma en el prólogo del libro. Y, por último, que estos textos demuestran la versatilidad y el dominio de las técnicas narrativas alcanzados por Gutiérrez en sus novelas.

Del monólogo faulkneriano se pasa al romancero popular con el relato El cantar de la Zarca, “una de las historias más admirables que podamos hallar en la narrativa peruana y latinoamericana” (según el crítico Ricardo González Vigil), extraído de la novela La destrucción del reino (1992). Aquí se cuenta la vida de una mítica piurana, una “capitana de bandoleros” conocida como la Zarca por el color azul de sus ojos, desde su nacimiento en un establo (amamantada por una chiva y una cerda) hasta su muerte a manos del bandolero Carmen Domador, su rival y amante. Toda la narración se hace siguiendo y comentando las coplas de un anciano trovador popular.

Con esta historia de violencia social y trasfondo histórico ya estamos en el universo narrativo más propio a Gutiérrez, el que alcanzó su mejor expresión en La violencia del tiempo (1991), considerada en una encuesta entre escritores, editores y críticos como la más importante de la literatura peruana del decenio de los 90. De ese libro se extrae La leyenda de Visitación Cabrera, ambientada también en Piura, pero en los años de la ocupación chilena. Además, la antología incluye los relatos El acompañante insólito de Babel, el paraíso (1993); y Muerte de Xóchitl, de El mundo sin Xóchitl (2001), aunque este último se salga de las propuestas del libro, pues su verdadero protagonista es Wenceslao, hermano y amante de la adolescente Xóchitl.

Cierra el libro el relato Juventud de Tamara, fragmento de la novela inédita Confesiones de Tamara Fiol, que cuenta, a partir de una conversación telefónica, la vida de una izquierdista y feminista limeña. Formalmente mucho menos lograda (se nota que aún está en etapa de corrección), el interés de esta historia parece radicar en las revelaciones acerca de conocidas personalidades de la izquierda peruana. Cinco historias de mujeres... es una buena antología y una destacable contribución del Fondo Editorial del Congreso a la difusión de la narrativa de Miguel Gutiérrez, escritor reconocido por la crítica (más allá de toda polémica literaria) como uno de los mayores novelistas peruanos de la actualidad.

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Hotel Lima


Miguel Ildefonso. Hotel Lima (Mesa Redonda, 2006)

Una de las constantes en la obra literaria de Miguel Ildefonso (Lima, 1970) es la atención a aquellos personajes y ámbitos marginales, desde los escritores y artistas bohemios que aparecen en su primer poemario Vestigios (1999) hasta los latinos ilegales que viven en las ciudades estadounidenses cerca de la frontera con México, retratados en los poemas de Canciones de un bar de la frontera (2001) y en los relatos de El Paso (2005). Ese interés por la vida urbana marginal alcanza su mayor expresión en su novela Hotel Lima (Mesa Redonda, 2006), que remite al antiguo hotel de La Victoria y a su inquilino más famoso, el pintor Víctor Humareda, paradigma de marginalidad vital y artística.

Estamos ante un relato complejo, tanto por su estructura como por la naturaleza de sus personajes. El protagonista es Dante, joven poeta limeño de inicios de los 90, quien cuenta sus peripecias en las calles más sórdidas del centro de la ciudad, rodeado de prostitutas, delincuentes, niños de la calle y especialmente de los poetas "malditos" con los que conforma el grupo de la No Poesía. A estas aventuras se suman también recuerdos de infancia del protagonista, algunos relatos escritos por él, y hasta una dimensión fantástica en la que Humareda convive y dialoga con las imágenes recurrentes de sus pinturas: el arlequín y Marilyn Monroe, convertidos también en personajes.

Son entonces cuatro los niveles de "realidad" en la narración, los que convergen en el Hotel Lima, una especie de laberinto en cuyo centro se encuentra, en lugar del mítico Minotauro, Humareda y su universo artístico. Las transiciones y saltos entre esos niveles se logran a través de la subjetividad del protagonista –en gran medida identificable con el autor, pues Dante es el segundo nombre de Ildefonso–, quien narra casi siempre en primera persona y con monólogos llenos de metáforas, imágenes y símiles de predominante aliento poético. Son esos monólogos y reflexiones de Dante, a pesar de altibajos y excesos, lo más interesante y valioso del libro.

La propuesta de conjugar los paisajes y personajes del submundo urbano limeño con los universos artificiales de la subjetividad personal y la creación artística está presente en la obra de Ildefonso desde su poemario Las ciudades fantasmas, ámbitos entonces definidos como "fuera del tiempo", pero dentro del espacio limeño. Así se explica que todos los personajes de Hotel Lima, incluso los más vulgares, lleven nombres literarios (Beatriz, Dafne, Silvia, Laura); y también las frecuentes alusiones a escritores como Martín Adán, Luis Hernández, Juan Ojeda y Carlos Oliva. Estas menciones, uno de los lugares comunes más frecuentes entre nuestros escritores jóvenes, resultan aquí demasiado reiteradas.

Luego de haber obtenido el importante premio Copé de poesía 2002, Hotel Lima es la primera incursión de Ildefonso en los terrenos de la novela. Otro aspecto "marginal" de un texto que en realidad va más allá de los tradicionales límites genéricos: la novela puede ser vista también como un conjunto de relatos o de prosas poéticas. Hotel Lima no es una lectura fácil, pero sí un libro original y auténtico (a pesar de sus tropiezos en ciertos pasajes y páginas), un ajuste de cuentas con los principales temas y motivos de la obra literaria de Miguel Ildefonso.

Se puede leer el primer capítulo de Hotel Lima en el blog de la editora Mesa Redonda.

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Breves, brevísimos


Giovanna Minardi. Breves, brevísimos (Santo Oficio, 2006)

La investigadora italiana Giovanna Minardi (Palermo, 1958) continúa sus controvertidas aproximaciones al cuento peruano con el libro Breves, brevísimos. Antología de la minificcion peruana, un recuento de obras y autores relacionados con este peculiar género. Y aunque Minardi hace referencia repetidas veces a la “escasa atención que ha merecido este género literario en el Perú”, su antología logra reunir más de un centenar de textos tanto de autores esenciales de la historia literaria peruana (el Inca Garcilaso, Palma, Vallejo, Valdelomar, Ribeyro, Arguedas) como de escritores de la actualidad: Luis Loayza, Guillermo Niño de Guzmán, Fernando Iwasaki, Carlos Herrera, entre otros.

Para pasar de la escasa producción a la abundancia de textos y autores (casi 50) seleccionados, Minardi apela a varios recursos. Uno de ellos es extraer relatos breves insertos en libros mayores, como la historia de Pedro Serrano que el Inca Garcilaso interpola en sus Comentarios reales. Otro recurso es la inclusión de textos que no corresponden exactamente a la definición de cuento corto: un par de Prosas apátridas de Ribeyro; poemas o fragmentos de poemas, como los dos de Antonio Cisneros extraídos del poemario Como higuera en un campo de golf; una breve sección dedicada a la Literatura oral popular y hasta “chistes” de temática erótica, como “Escuchando tras la pirca”, de Sócrates Zuzinaga.

Pero lo más sorprendente es el carácter de inéditos de muchos de los textos seleccionados. Al parecer Minardi ha solicitado a un grupo de escritores, amigos o conocidos suyos, que le proporcionen cuentos breves expresamente para ser incluidos en el libro. Una práctica poco ortodoxa, tratándose de una antología que quiere abarcar toda la historia de la literatura peruana; y que se comprueba en la sección Dialogando con los escritores, en la que 12 de los antologados –en su mayor parte autores de textos inéditos– responden a tres preguntas sobre minificción.

Como consecuencia de esa práctica, hay en la antología ausencias inexcusables, como la de Ricardo Sumalavia, actualmente uno de los más importantes y entusiastas impulsores del cuento breve en nuestro país, tanto por la calidad de su labor creativa –su libro Enciclopedia mínima (2004) está integrado únicamente por cuentos cortos, muchos de ellos “antologables”– como por la difusión de este tipo de textos que realiza en su blog Gambito de peón. A esta notoria ausencia se pueden sumar muchas otras. Señalaríamos las de Gamaliel Churata, Gregorio Martínez y Enrique Prochazka.

En el prólogo, el ensayo Ars breve, vita longa (también breve), Minardi da algunas características de lo que ella considera minificciones: textos de una extensión menor a 500 palabras y que puedan ser catalogados como cuentos, relatos, parodias, aforismos, parábolas, greguerías o adivinanzas; una definición demasiado abierta y que incluiría casi cualquier prosa breve. Salvo por el valor de algunos de los autores y textos antologados, Breves, brevísimos resulta un libro sumamente cuestionable y que no contribuye a recuperar la imagen de Minardi de la polémica académica generada en torno a su libro La cuentística de Julio Ramón Ribeyro (2002).