Viajes de la memoria


Abelardo Sánchez León. El viaje del salmón (Peisa, 2005)

El sociólogo y escritor Abelardo Sánchez León (Lima, 1945) ha reunido en El viaje del salmón (Peisa, 2005) una treintena de crónicas que abarcan cuatro décadas de viajes personales. Figuran, en orden cronológico, desde su experiencia adolescente (inicios de los 60) en Iowa como estudiante de intercambio, hasta un visita a Cartagena de Indias (Colombia) en el año 2002 en compañía de su esposa Marcia. Pero la parte más importante del libro es aquella en que el autor cuenta su experiencia en Europa, especialmente su periodo de bohemia parisina, en el que compartió pobrezas e ideales con un interesante grupo de escritores latinoamericanos, entre ellos nada menos que Alfredo Bryce y Julio R. Ribeyro.

Al tratarse de crónicas escritas por un poeta y sociólogo, resulta natural que el mayor énfasis esté puesto no en la descripción de paisajes o ciudades sino en la recreación de los vínculos y relaciones del autor con las personas que va encontrando en sus diferentes viajes. "Uno viaja a los lugares donde están los amigos", ha dicho ASL en una reciente entrevista, y cada uno de estos textos parece estar dedicado a alguno de esos amigos, descritos con admiración y afecto: desde el gigante bonachón Paul de Iowa, una amistad de muchos años, hasta una joven mesera por la que el autor siente un amor platónico y fugaz; sin dejar de lado al africano Joseph o al cura Michel de la Croix, entre otros.

El libro puede ser visto entonces como un nostálgico homenaje a esos amigos y especialmente a Marcia, la paciente compañera de toda la vida. La vemos viajar sola a Europa (contra la voluntad de su padre) para encontrarse con ASL y apoyarlo en su bohemia parisina trabajando de niñera o en las más duras faenas agrícolas. Y también la vemos regresar sola (las circunstancias no se explican bien) y resignada al Perú. El propio autor reconoce en uno de los textos más breves (La fiesta que nos sigue, una especie de arte poética) que este libro "está centrado en Marcia, mi esposa por treinta años, con quien he gozado, sufrido, viajado, construido una casa y formado un hogar".

Ese aspecto de homenaje personal lleva a estas memorias más cerca del modelo amable y agradecido del libro Vivir para contarla de García Márquez que de lo polémico de El pez en el agua de Mario Vargas Llosa. Una opción que, por otra parte, no es del todo consecuente con la propia obra de ASL, cuyas novelas y poemarios se han caracterizado por su visión crítica y pesimista con respecto a las relaciones humanas en general. Incluso a los temas centrales de El viaje del salmón -el viaje y la convivencia conyugal- el escritor ya les dedicó secciones completas de su poemario Oh túnel de la Herradura (1995). Pero entonces sus opiniones eran mucho más ásperas. Sobre la convivencia de pareja decía, por ejemplo:

"Mi amor es mi infierno...
Un departamento. Una vivienda.
Un infierno, qué concha, si exagero!"

Son varios los pasajes en los que la emotividad y el arrepentimiento por los errores del pasado se desbordan. Después de todo en estos relatos, como el propio autor reconoce en el ya citado texto, hay bastante de lamento y afán por lograr que ese pasado sea "digerido de una forma más amable... y que no atormente tanto mi presente". Sin embargo, no faltan las páginas severas con respecto a ciertos personas que traicionaron o no supieron mantener la amistad. Uno de los textos más largos del libro, y que seguramente generará polémica, es Dos escritores consagrados, sobre la amistad entre ASL y el escritor Carlos Calderón Fajardo, compañeros de estudios universitarios.

Como en sus más reciente libros –el poemario El mundo en una gota de rocío (2000) y la novela El tartamudo (2002)- ASL emplea esta vez un lenguaje en el que se combinan acertadamente elementos "librescos" (una cierta complejidad gramatical) con otros propios del habla coloquial urbana limeña y un cierto. Es uno de los aspectos más logrados del libro, que sumado a un sentido del humor contenido pero eficaz, hacen de El viaje del salmón, no obstante los excesos de emotividad, una lectura entretenida y agradable.

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