La picaresca posmoderna de Beto Ortiz



Beto Ortiz. Maldita ternura (Alfaguara, 2004)

El polémico periodista y conductor de programas de televisión Beto Ortiz acaba de publicar su primera novela Maldita ternura. El libro cuenta, en clave, intimidades y secretos de conocidas personalidades de la política y del espectáculo.

No es extraño que Maldita ternura, la primera novela de Beto Ortiz (Lima, 1968), apele recurrentemente al escándalo; tampoco que el autor haya seguido punto por punto el exitoso modelo de la narrativa de Jaime Bayly: relato casi autobiográfico, temática homosexual, lenguaje coloquial limeño, menciones apenas disimuladas a personas reales. Después de todo, el éxito y el escándalo son dos formas diferentes de alcanzar la fama tan deseada en nuestros tiempos. "Siempre quise ser famoso" dice el narrador en la primera línea de la novela, y en la última página: "Que te hagan famoso. Más famoso. Casi tanto como Dios".

Desde esta perspectiva, Maldita ternura no es otra cosa que la historia del ascenso y caída de la fama del propio Ortiz, quien aquí aparece como autor, narrador y protagonista. Se cuentan episodios de su trayectoria periodística, alternándolos con recuerdos personales, tanto de su lado oscuro y "maldito" (homosexualidad y pederastia) como del tierno y humano (soledad, amistades). Pero el mayor énfasis está puesto en el peculiar triángulo amoroso entre Beto, Lucy y Erick (el adolescente conocido como El general) y en las anécdotas que involucran a conocidos personajes de la televisión peruana: La cuerva, La Pocha Chabuca y Axel Britto, los periodistas Humberto Lara y J. Sánchez Selva.

Como el protagonista, todos los personajes mencionados buscan también la fama, y para alcanzarla son capaces de las peores bajezas y traiciones. La confusión generalizada de valores, junto a lo autobiográfico, el carácter antiheroico del protagonista y la sucesión de peripecias burlescas hacen que este relato posmoderno se aproxime al antiguo y prestigioso modelo literario de la novela picaresca. Y si el Lazarillo de Tormes y el Don Pablos de Quevedo, afanados en lograr una cierta honorabilidad, tienen que resignarse a vivir en la deshonra, la obsesión por la fama del personaje Beto Ortiz lo lleva finalmente a refugiarse en el anonimato en Miami.

Como en toda novela picaresca, la sátira, exageraciones y juegos verbales son elementos primordiales de Maldita ternura. Y Ortiz los maneja con bastante solvencia, pues su camino a la fama lo inició como autor de crónicas periodísticas en las que empleaba un lenguaje fresco e ingenioso, además de un irónico sentido del humor. Esa es la mayor virtud del libro, su prosa elaborada en la que abundan los dobles sentidos, cambios de registros de lenguaje y alusiones intertextuales de todo tipo. Sólo hay que lamentar, en este aspecto, lo disparejo del libro, pues así como hay párrafos muy bien logrados (de un barroquismo casi quevediano), en otros priman los chistes fáciles y las burlas.

Hay otros problemas en la novela, comprensibles en un primer libro: cierto desorden y vacíos narrativos, ingenuidad en el manejo de las técnicas, situaciones y personajes poco desarrollados o mal aprovechados. Acorde con el modelo literario (seguramente inconsciente), lo más importante sería llevar hasta el límite ciertos comportamientos rechazados por la moral tradicional. Por eso la relación entre Beto y Erick, entre el personaje famoso y el delincuente infame, estaba llamada a ser la piedra angular del relato, el elemento en el que la ironía y el espíritu crítico alcanzaran su mayor fuerza. Pero Ortiz ha preferido presentar esa relación de una manera melodramática, usando la pasión amorosa como una coartada para sus errores y excesos personales.

No obstante estos deslices, Maldita ternura es una meritoria primera novela. Beto Ortiz ha logrado hacer un fiel y descarnado retrato de nuestra sociedad uniendo realismo extremo, conocimiento de primera mano de los más diversos aspectos de la vida limeña (desde los entretelones del poder hasta el mundo de los niños que viven en las calles), además del acertado manejo del lenguaje y los referentes culturales. Una novela que seguramente será mejor valorada con el paso del tiempo, una vez que se diluya la inconsistente fama de las numerosas personas aludidas y caricaturizadas en sus páginas.